Rizoma: introducción (1976) / Introducción: rizoma (1980)


No se ha advertido, hasta donde sé, que existen dos versiones distintas de «Rizoma». La original, Rizoma: Introducción, publicada como libro en 1976, contiene pasajes que fueron suprimidos para su republicación, en 1980, bajo el título «Introducción: Rizoma» (texto inaugural de Mil Mesetas); ésta, a su vez, contiene pasajes adicionales con respecto a aquella. Cabe destacarse que dimos con este descubrimiento en los Talleres de lectura de El Anti-Edipo, que funcionan desde 2006, de manera pública, abierta, horizontal y gratuita.

Existen dos traducciones castellanas del texto original de 1976. La de C. Casillas y Víctor Navarro –acaso muy literal, editada en Valencia, Pre-Textos, 1977; reeditada, con modificaciones de estilo que disipan esa presunta literalidad, en México D. F., Ediciones Coyoacán, 1994– y la de Jorge Alberto Naranjo, J. Jaramillo y G. Molina –Medellín, La Oveja Negra, 1978–, a la que no tuve acceso. La traducción de José Vázquez Pérez y Umbelina Larraceleta realizada en 1988 para Pre-Textos corresponde a la edición de 1980. 

Realicé una nueva traducción e intercalé, destacados con este color, los pasajes de 1976 (Rhizome: Introduction, Paris, Éditions de Minuit, 1976) para evidenciar el contraste. Y coloqué entre llaves } los pasajes adicionados en la edición de 1980 (Mille plateaux. Capitalisme et schizophrénie 2, Paris, Éditions de Minuit, 2009, pp. 9-37.) 


La traducción está lejos de ser definitiva, pues cada relectura nos suscita modificaciones, pero más vale –en este caso– socializar un texto deficitario pero hoy comparable antes que guardar una promesa de excelencia para la posteridad inconmovible.


En cuanto a las notas al pie –y salvo aclaración–, las que van pintadas con este verde son intromisiones del traductor, las otras son de Deleuze y Guattari.






«Introducción: Rizoma» (1980)
Rizoma: Introducción (1976)*

Gilles Deleuze y Félix Guattari

Traducción y notas:
Mariano A. Repossi



Al Anti-Edipo lo escribimos de a dos. Como cada uno de nosotros era varios, resultaba ya un montón de gente. Hemos utilizado aquí todo lo que nos aproximaba, lo más cercano y lo más lejano. Hemos distribuido hábiles seudónimos para hacernos irreconocibles. ¿Por qué hemos conservado nuestros nombres? Por hábito [habitude], únicamente por hábito. Para hacernos nosotros también irreconocibles. Para hacernos imperceptibles, no a nosotros mismos, sino a aquello que nos hace actuar, experimentar o pensar. Y además porque es agradable hablar como todo el mundo y decir el sol sale, cuando todos sabemos que es una manera de decir. No llegar al punto en que no se diga yo, sino al punto en que no tenga ninguna importancia decirlo o no decirlo. Ya no somos nosotros mismos. Cada quien conocerá [connaîtra] los suyos. Nos han ayudado, aspirado, multiplicado.[1]


Ya no hablamos tanto de psicoanálisis. Aunque todavía hablamos, incluso demasiado. Basta ya de todo eso. Estábamos hartos, nos sentíamos incapaces de cortar por lo sano. Los psicoanalistas y, sobre todo, los psicoanalizados nos aburrían muchísimo. Era necesario precipitar por nuestra cuenta esta materia que nos frenaba –sin hacernos ilusiones sobre el alcance objetivo de esta operación–; debíamos comunicarle una velocidad artificial, capaz de llevarla hasta la rotura o hasta nuestro desgarramiento. Se acabó, después de este libro no hablaremos más de psicoanálisis.[2] Nadie más sufrirá, ni ellos ni nosotros. Es curioso hasta qué punto las objeciones que nos hacen son retardativas. Como intentamos hacer lo que se nos da la gana, ponen trabas: ¿pensaron en esto?, ¿qué hacen con aquello?, ¿son coherentes?, ¿no ven la contradicción? Dulzura también, no responder jamás. Sólo hay una cosa peor que las objeciones y que las refutaciones de las objeciones: la reflexión, el retorno a… Por ejemplo, en un libro, el retorno al libro precedente: ¿y qué dicen de tal cosa?, ¿han comprendido bien a Freud?, ¿y vuestro último libro, han cambiado ustedes? Puntualizar, ¡qué horror! Un libro no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente formadas, de fechas y de velocidades muy diferentes. Desde el momento en que se atribuye el libro a un sujeto, se descuida ese trabajo de las materias, y la exterioridad de sus relaciones. Se fabrica un buen Dios para movimientos geológicos. En un libro, como en cualquier otra cosa, hay líneas de articulación o de segmentaridad, estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga, movimientos de desterritorialización y de desestratificación. Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas comportan [entraînent] fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o, al contrario, de precipitación y de ruptura (sí, el psicoanálisis ha sido nuestro grillete; había que limar.) Todo eso, las líneas y las velocidades mensurables, constituye una disposición maquínica [agencement machinique].[3] Un libro es una disposición de ese tipo y, como tal, inatribuible. Un libro es una multiplicidad –aunque no se sabe todavía qué implica lo múltiple cuando cesa de ser atribuido, es decir, cuando es elevado al estado de sustantivo.[4] Una disposición maquínica está orientada hacia los estratos, que forman sin duda una especie de organismo, o bien una totalidad significante, o bien una determinación atribuible a un sujeto; pero también está orientada hacia un cuerpo sin órganos, que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidades puras, y de atribuirse los sujetos a los que tan sólo deja un nombre como huella [trace] de una intensidad.[5] ¿Cuál es el cuerpo sin órganos de un libro? Hay varios, según la naturaleza de las líneas consideradas, según su concentración o densidad específica, según su posibilidad de convergencia en un «plano de consistencia»[6] que asegura la selección. En este caso, como en otros, lo esencial son las unidades de medida: cuantificar la escritura. No hay diferencia entre aquello de lo que un libro habla y la manera en que ha sido hecho. Un libro tampoco tiene objeto. En tanto que disposición, solamente está en conexión con otras disposiciones, en relación a otros cuerpos sin órganos. No se preguntará jamás qué quiere decir un libro, significado o significante, no se buscará nada que comprender en un libro, sólo se preguntará con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce y metamorfosea la suya, con cuáles cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro no existe más que por el afuera y en el afuera. Así, un libro, en tanto pequeña máquina, ¿en qué relación, a su vez mensurable, se halla tal máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc., –y con una máquina abstracta que las comporta [entraîne]–? A menudo se nos ha reprochado que invocáramos tanto a literatos. Objeción idiota. Ya que cuando se escribe la única cuestión estriba en saber con qué otra máquina la máquina literaria puede ser conectada, y debe serlo, para que funcione. Kleist y una loca máquina de guerra, Kafka y una máquina burocrática inaudita... (¿y si, después de todo, se deviniese animal o vegetal por la literatura?, que no es lo mismo que literariamente, ¿no se deviene animal antes que nada por la voz?). La literatura es una disposición, no tiene nada que ver con la ideología, no hay ni ha habido nunca ideología. 

No hablamos de otra cosa: las multiplicidades, las líneas, estratos y segmentaridades, líneas de fuga e intensidades, las disposiciones y sus diferentes tipos, los cuerpos sin órganos y su construcción, su selección, el plano de consistencia, las unidades de medida en cada caso. Los estratómetros, los deleómetros, las unidades CsO de densidad, las unidades CsO de convergencia no sólo cuantifican la escritura, sino que la definen como algo que siempre es la medida de otra cosa. Escribir no tiene nada que ver con significar, sino con deslindar, cartografiar, incluso futuros parajes.

Un primer tipo de libro es el libro-raíz. El árbol ya es la imagen del mundo, o bien la raíz es la imagen del árbol-mundo. Es el libro clásico como bella interioridad orgánica, significante y subjetiva (los estratos del libro). El libro imita al mundo, como el arte a la naturaleza: por procedimientos propios que llevan a cabo lo que la naturaleza no puede, o ya no puede hacer. La ley del libro es la de la reflexión, lo Uno que deviene Dos. ¿Cómo iba a estar la ley del libro en la naturaleza si es ella la que regula la división entre mundo y libro, naturaleza y arte? Uno deviene dos: cada vez que nos encontramos con esta fórmula, ya sea estratégicamente enunciada por Mao, ya sea entendida lo más «dialécticamente» posible, estamos ante el pensamiento más clásico y más reflexivo, el más viejo, el más fatigado. La naturaleza no actúa de ese modo: en ella hasta las raíces son pivotantes, con abundante ramificación lateral y circular, no dicotómica. El espíritu está retrasado respecto a la naturaleza. Incluso el libro como realidad natural es pivotante, con su eje y las hojas alrededor. Pero el libro como realidad espiritual, el Árbol o la Raíz en tanto que imagen, no cesa de desarrollar la ley de lo Uno que deviene dos, dos que devienen cuatro... La lógica binaria es la realidad espiritual del árbol-raíz. Incluso una disciplina tan «avanzada» como la lingüística conserva como imagen de base ese árbol-raíz que la vincula a la reflexión clásica (Chomsky y el árbol sintagmático que comienza en un punto S y procede luego por dicotomía). Ni qué decir tiene que este pensamiento jamás ha comprendido la multiplicidad: necesita suponer una fuerte unidad principal para llegar a dos, según un método espiritual. Y en lo que se refiere al objeto, según el método natural, se puede sin duda pasar directamente de lo Uno a tres, cuatro o cinco, pero siempre que se pueda disponer de una fuerte unidad principal, la del pivote que soporta las raíces secundarias. En realidad, viene a ser lo mismo: las relaciones biunívocas entre círculos sucesivos no han hecho más que sustituir a la lógica binaria de la dicotomía. Ni la raíz pivotante ni la raíz dicotómica entienden la multiplicidad. Mientras que una actúa en el objeto, la otra actúa en el sujeto. La lógica binaria y las relaciones biunívocas siguen dominando el psicoanálisis (el árbol del delirio en la interpretación freudiana de Schreber), la lingüística y el estructuralismo, y hasta la informática. 

El sistema-raicilla, o raíz fasciculada, es la segunda figura del libro, figura que nuestra modernidad invoca con gusto. En este caso, la raíz principal ha abortado o se ha destruido en su extremidad; en ella viene a injertarse una multiplicidad inmediata y cualesquiera de raíces secundarias que adquieren un gran desarrollo. La realidad natural aparece ahora en el aborto de la raíz principal, pero su unidad sigue subsistiendo como pasado o futuro, como posible. Cabe preguntarse si la realidad espiritual y razonable no compensa este estado de cosas al manifestar a su vez la exigencia de una unidad secreta todavía más comprensiva o de una totalidad más extensiva. Véase si no el método del cut-up de Burroughs: el plegado de un texto sobre otro, constitutivo de raíces múltiples y hasta adventicias (diríase un esqueje), implica una dimensión suplementaria a la de los textos considerados. Pero la unidad continúa su trabajo espiritual, precisamente en esa dimensión suplementaria del plegado. En ese sentido, la obra más resueltamente fragmentaria puede ser perfectamente presentada como la Obra total o el Gran Opus. La mayoría de los métodos modernos para hacer proliferar las series o para hacer crecer una multiplicidad son perfectamente válidos en una dirección, por ejemplo lineal, mientras que una unidad de totalización se afirma tanto más en otra dimensión [dimention], la de un círculo o un ciclo. Siempre que una multiplicidad está incluida en una estructura, su crecimiento queda compensado por una reducción de las leyes de la combinación. Los abortistas de la unidad sí que son aquí creadores de ángeles[7], doctores angelici, puesto que afirman una unidad realmente angélica y superior. Las palabras de Joyce, precisamente llamadas «de raíces múltiples», sólo rompen efectivamente la unidad lineal de la palabra, o incluso de la lengua, estableciendo una unidad cíclica de la frase, del texto o del saber. Los aforismos de Nietzsche sólo rompen la unidad lineal del saber remitiendo a la unidad cíclica del eterno retorno presente como un no-sabido en el pensamiento. Ni que decir tiene que el sistema fasciculado no rompe verdaderamente con el dualismo, con la complementaridad de un sujeto y de un objeto, de una realidad natural y de una realidad espiritual: la unidad no cesa de ser combatida y obstaculizada en el objeto, mientras que un nuevo tipo de unidad triunfa en el sujeto. El mundo ha perdido su pivote, el sujeto ni siquiera puede hacer ya de dicotomía, pero accede a una unidad más elevada, de ambivalencia o de sobredeterminación, en una dimensión siempre suplementaria a la de su objeto. El mundo ha devenido caos, pero el libro continúa siendo una imagen del mundo, caosmos-raicilla, en lugar de cosmos-raíz. Extraña mistificación la del libro, tanto más total cuanto más fragmentado. De todas formas, que idea más insulsa la del libro como imagen del mundo. Verdaderamente no basta con decir ¡Viva lo múltiple!, aunque ya sea muy difícil lanzar ese grito. Ninguna habilidad tipográfica, léxica o incluso sintáctica, bastará para hacer que se oiga. Lo múltiple hay que hacerlo, pero no añadiendo constantemente una dimensión superior, sino, al contrario, de la forma más simple, a fuerza de sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se dispone, siempre n - 1 (sólo así, sustrayéndolo, lo Uno forma parte de lo múltiple). Sustraer lo único de la multiplicidad a constituir: escribir a n - 1.

Este tipo de sistema podría denominarse rizoma. Un rizoma como tallo subterráneo se distingue radicalmente de las raíces y de las raicillas. Los bulbos, los tubérculos, son rizomas. Pero hay plantas con raíz o raicilla que desde otros puntos de vista también pueden ser consideradas como rizomorfas. Cabría, pues, preguntarse si la botánica, en su especificidad, no es enteramente rizomorfa. Hasta los animales lo son cuando van en manada, las ratas son rizomas. Las madrigueras lo son en todas sus funciones de hábitat, de provisión, de desplazamiento, de evasión [d'esquive] y de ruptura. En sí mismo, el rizoma tiene formas muy diversas, desde su extensión superficial ramificada en todos los sentidos hasta sus concreciones en bulbos y tubérculos: cuando las ratas corren por encima de otras. En un rizoma hay lo mejor y lo peor: la patata y la grama, la mala hierba. Animal y planta, la grama es la digitaria [crab-grass]. Ahora bien, somos conscientes de que no convenceremos a nadie si no enumeramos ciertos caracteres aproximativos [approximatifs] del rizoma.

1° y 2°. - Principios de conexión y de heterogeneidad: cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y debe serlo. Eso no sucede en el árbol ni en la raíz, que siempre fijan un punto, un orden. El árbol lingüístico, a la manera de Chomsky, sigue comenzando en su punto S y procediendo por dicotomía. En un rizoma, por el contrario, cada rasgo no remite necesariamente a un rasgo lingüístico: eslabones semióticos de cualquier naturaleza se conectan en él con formas de codificación muy diversas, eslabones biológicos, políticos, económicos, etc., poniendo en juego no sólo regímenes de signos distintos, sino también estatutos de estados de cosas. En efecto, los disposiciones colectivas de enunciación funcionan directamente en las disposiciones maquínicas, y no se puede establecer un corte radical entre los regímenes de signos y sus objetos. En lingüística, incluso cuando se pretende atenderse a lo explícito y no suponer nada de la lengua, se sigue estando en la órbita de un discurso que implica todavía modos de disposición y tipos de poder sociales y específicos. La gramaticalidad de Chomsky, el símbolo categorial S que domina todas las frases, es un marcador de poder antes de ser un marcador sintáctico: construirás frases gramaticalmente correctas, dividirás cada enunciado en sintagma dominial y sintagma verbal (primera dicotomía...). A tales modos lingüísticos no se les reprochará que sean demasiado abstractos, sino, al contrario, que no lo sean lo suficiente, que no sean capaces de alcanzar la máquina abstracta que efectúa la conexión de una lengua con contenidos semánticos y pragmáticos de los enunciados, con disposiciones colectivas de enunciación, con toda una micro-política del campo social. Un rizoma no cesaría de conectar eslabones semióticos, organizaciones de poder, circunstancias relacionadas con las artes, las ciencias, las luchas sociales. Un eslabón semiótico es como un tubérculo que aglutina actos muy diversos, lingüísticos, pero también perceptivos, mímicos, gestuales, cogitativos: no hay lengua en sí, ni universalidad del lenguaje, tan sólo hay un cúmulo de dialectos, de patois, de argots, de lenguas especiales. El locutor-oyente ideal no existe[8], ni tampoco la comunidad lingüística homogénea. La lengua es, según la fórmula de Weinreich, «una realidad esencialmente heterogénea»[9]. No hay lengua madre, sino toma del poder de una lengua dominante en una multiplicidad política. La lengua se estabiliza en torno a una parroquia, a un obispado, a una capital. Hace bulbo. Evoluciona por tallos y flujos subterráneos, a lo largo de los valles fluviales o de las líneas de ferrocarril, se desplaza por manchas de aceite[10]. En la lengua siempre se pueden efectuar descomposiciones estructurales internas: es prácticamente lo mismo que buscar raíces. Pero ese método no es un método popular, el árbol siempre tiene algo de genealógico. Por el contrario, un método del tipo rizoma sólo puede analizar el lenguaje descentrándolo sobre otras dimensiones y otros registros. Una lengua sólo se encierra en sí misma en una función de impotencia.

3°. - Principio de multiplicidad: sólo cuando lo múltiple es tratado efectivamente como sustantivo, multiplicidad, deja de tener relación con lo Uno como sujeto o como objeto, como realidad natural o espiritual, como imagen y mundo. Las multiplicidades son rizomáticas y denuncian las pseudo-multiplicidades arborescentes. No hay unidad que sirva de pivote en el objeto o que se divida en el sujeto. No hay unidad, ni siquiera para abortar en el objeto o para «retornar» [revenir] en el sujeto. Una multiplicidad no tiene ni sujeto ni objeto, sino únicamente determinaciones, tamaños, dimensiones que no pueden aumentar sin que ella cambie de naturaleza (las leyes de combinación aumentan, pues, con la multiplicidad). Los hilos de la marioneta, en tanto que rizoma o multiplicidad, no remiten a la supuesta voluntad del artista o del titiritero sino a la multiplicidad de las fibras nerviosas que forman a su vez otra marioneta según otras dimensiones conectadas con las primeras: «Denominaremos trama a los hilos o las varillas que mueven las marionetas. Podría objetarse que su multiplicidad reside en la persona del actor que la proyecta en el texto. De acuerdo, pero sus fibras nerviosas forman a su vez una trama. Penetran a través de la masa gris, la cuadrícula, hasta lo indiferenciado [...] El juego se asemeja a la pura actividad de los tejedores, la que los mitos atribuyen a las Parcas y a las Nornas»[11]. Una disposición es precisamente ese aumento de dimensiones en la multiplicidad que cambia necesariamente de naturaleza a medida que aumenta sus conexiones. En un rizoma no hay puntos o posiciones, como ocurre en una estructura, un árbol, una raíz. En un rizoma sólo hay líneas. Cuando Glenn Gould acelera la ejecución de un fragmento, no sólo actúa como virtuoso, transforma los puntos musicales en líneas, hace proliferar el conjunto. El número ha dejado de ser un concepto universal que mide elementos según su posición en una dimensión cualquiera, para devenir una multiplicidad variable según las dimensiones consideradas (primacía del campo sobre el conjunto de números asociados a ese campo). No hay unidades de medida, sino únicamente multiplicidades o variedades de medida. La noción de unidad sólo aparece cuando se produce en una multiplicidad una toma del poder por el significante, o un proceso [procès][12] correspondiente de subjetivación: por ejemplo la unidad-pivote que funda un conjunto de relaciones biunívocas entre elementos o puntos objetivos, o bien lo Uno que se divide según la ley de una lógica binaria de la diferenciación en el sujeto. La unidad siempre actúa en el seno de una dimensión vacía suplementaria a la del sistema considerado (sobrecodificación [surcodage]). Pero precisamente un rizoma o multiplicidad no se deja sobrecodificar [surcodage], nunca dispone de dimensión suplementaria al número de sus líneas. En la medida en que llenan, ocupan todas las dimensiones, todas las multiplicidades son planas: hablaremos, pues, de un plano de consistencia de las multiplicidades, aunque ese «plano» sea de dimensiones crecientes según el número de conexiones que se establecen en él. Las multiplicidades se definen por el afuera: por la línea abstracta, línea de fuga o de desterritorialización según la cual cambian de naturaleza al conectarse con otras. El plano de consistencia (grilla) es el afuera de todas las multiplicidades. La línea de fuga señala a la vez la realidad de un número de dimensiones finitas que la multiplicidad ocupa efectivamente; la imposibilidad de cualquier dimensión suplementaria sin que la multiplicidad se transforme según esa línea; la posibilidad y la necesidad de aplanar [d'aplatir] todas esas multiplicidades en un mismo plano de consistencia o de exterioridad, cualesquiera que sean sus dimensiones. El libro ideal sería, pues, aquél que lo distribuye todo en ese plano de exterioridad, en una sola página, en una misma zona [plage]: acontecimientos vividos, determinaciones históricas, conceptos pensados, individuos, grupos y formaciones sociales. Kleist inventa una escritura de este tipo, un encadenamiento destrozado [brisé] de afectos, con velocidades variables, precipitaciones y transformaciones, siempre en relación con el afuera. Anillos abiertos. También sus textos se oponen, desde todos los puntos de vista, al libro clásico y romántico, constituido por la interioridad de una sustancia o de un sujeto. El libro-máquina de guerra frente al libro-aparato de Estado. Las multiplicidades planas de n dimensiones son asignificantes y asubjetivas. Son designadas por los artículos indefinidos, o más bien partitivos (es grama, rizoma...)[13].

No habremos de preguntarnos, sobre todo, lo que una multiplicidad significa ni a quién se atribuye, sino que, tratándose de una multiplicidad cualquiera, pongamos, por ejemplo, fascismo –horrible multiplicidad– definida por sus líneas o dimensiones –expuestas, precisamente, en el plano de consistencia–, nos podemos preguntar según qué dimensión significa esto o aquello, según qué línea se atribuye a un individuo, a un grupo o a una formación social. Pues existe un fascismo individual, uno de grupo y otro de formación social. Y, precisamente, tales distinciones no son pertinentes, sino secundarias y derivadas con respecto al estudio directo de las multiplicidades.[14] Martillar, aplanar para ser forjadores del inconsciente.

4°. - Principio de ruptura asignificante: contra [contre] los cortes excesivamente significantes que separan las estructuras o atraviesan una. Un rizoma puede ser roto, interrumpido en cualquier parte, pero siempre recomienza según esta o aquella de sus líneas, y según otras. Es imposible acabar con las hormigas, puesto que forman un rizoma animal que aunque se destruya en su mayor parte, no cesa de reconstituirse. Todo rizoma comprende líneas de segmentaridad según las cuales está estratificado, territorializado, organizado, significado, atribuido, etc.; pero también líneas de desterritorialización según las cuales se escapa sin cesar. Hay ruptura en el rizoma cada vez que las líneas segmentarias explotan [explosent] en una línea de fuga, que también forma parte del rizoma. Esas líneas remiten constantemente unas a otras. Por eso nunca debe presuponerse un dualismo o una dicotomía, ni siquiera bajo la forma rudimentaria de lo bueno y de lo malo. Se produce una ruptura, se traza una línea de fuga, pero siempre existe el riesgo de que reaparezcan en ellas organizaciones que re-estratifican el conjunto, formaciones que devuelven el poder a un significante, atribuciones que reconstituyen un sujeto: todo lo que se quiera, desde resurgimientos edípicos hasta concreciones fascistas. 
Se nos ha tratado de fascistas; nunca lo seremos bastante, hasta tal punto somos conscientes, nosotros al menos, de que el fascismo no es el de los otros solamente. Los grupos y los individuos contienen microfascismos que siempre están dispuestos a cristalizar. Por supuesto, la grama también es un rizoma. Lo bueno y lo malo sólo pueden ser el producto de una selección activa y temporal, a recomenzar.

¿Cómo no iban a ser relativos los movimientos de desterritorialización y los procesos [procès] de reterritorialización, a estar en constante conexión, incluidos unos en otros? La orquídea se desterritorializa al formar una imagen, un calco de avispa; pero la avispa se reterritorializa en esa imagen. No obstante, también la avispa se desterritorializa, deviene una pieza del aparato de reproducción de la orquídea; pero reterritorializa a la orquídea al transportar el polen. La avispa y la orquídea hacen rizoma, en tanto que heterogéneos. Diríase que la orquídea imita a la avispa, cuya imagen reproduce de forma significante (mímesis, mimetismo, señuelo, etc.). Pero eso sólo es válido al nivel de los estratos: paralelismo entre dos estratos de tal forma que la organización vegetal de uno imita a la organización animal del otro. Al mismo tiempo se trata de algo totalmente distinto: ya no de imitación, sino de captura de código, plusvalía de código, aumento de valencia, verdadero devenir, devenir avispa de la orquídea, devenir orquídea de la avispa, asegurando cada uno de esos devenires la desterritorialización de uno de los términos y la reterritorialización del otro, encadenándose y alternándose ambos según una circulación de intensidades que impulsa la desterritorialización cada vez más lejos. No hay imitación ni semejanza, sino explosión [explosion], a partir de dos series heterogéneas, de una línea de fuga compuesta de un rizoma común que ya no puede ser atribuido ni sometido a significante alguno. Rémy Chauvin tiene razón cuando dice: «Evolución a-paralela de dos seres que no tienen absolutamente nada que ver el uno con el otro»[15]. Desde un punto de vista más general, puede que los esquemas de evolución tengan que abandonar el viejo modelo del árbol y de la descendencia. En determinadas condiciones, un virus puede conectarse con células germinales y transmitirse como gen celular de una especie compleja; es más, podría propagarse, pasar a células de una especie totalmente distinta, pero no sin vehicular «informaciones genéticas» procedentes del primer huésped (por ejemplo las investigaciones actuales de Benveniste y Todaro en un virus de tipo C, en su doble conexión con el ADN de babuino [babouin] y el ADN de algunas especies de gatos domésticos). Los esquemas de evolución ya no obedecerían únicamente a modelos de descendencia arborescente que van del menos diferenciado al más diferenciado, sino también a un rizoma que actúa inmediatamente en lo heterogéneo y que salta de una línea ya diferenciada a otra[16]. Una vez más, evolución a-paralela del babuino y del gato, en la que ni uno es evidentemente el modelo del otro, ni éste la copia del primero (un devenir babuino en el gato no significaría que el gato «haga» el babuino). Hacemos rizoma con nuestros virus, o más bien nuestros virus nos obligan a hacer rizoma con otros animales. Como dice Jacob, las transferencias de material genético por virus u otros procedimientos, las fusiones de células procedentes de especies diferentes, tienen resultados análogos a los de los «amores abominables”tan apreciados en la Antigüedad y en la Edad Media[17]. Comunicaciones transversales entre líneas diferenciadas que enmarañan [brouillent] los árboles genealógicos. Buscar siempre lo molecular, o incluso la partícula sub-molecular con la que hacemos alianza. Más que de nuestras enfermedades hereditarias o que tienen su propia descendencia, evolucionamos y morimos de nuestras gripes polimórficas y rizomáticas. El rizoma es una anti-genealogía.

Lo mismo ocurre con el libro y el mundo: el libro no es una imagen del mundo, según una creencia muy arraigada. Hace rizoma con el mundo, hay una evolución a-paralela del libro y el mundo, el libro asegura la desterritorialización del mundo, pero el mundo efectúa una reterritorialización del libro, que a su vez se desterritorializa en sí mismo en el mundo (si puede y es capaz). El mimetismo es un mal concepto, producto de una lógica binaria, para explicar fenómenos que tienen otra naturaleza. Ni el cocodrilo reproduce el tronco de un árbol, ni el camaleón reproduce los colores del entorno. La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa, ese es su devenir-mundo para devenir imperceptible, a-significante, trazar su ruptura, su propia línea de fuga, llevar hasta el final su «evolución a-paralela». Sabiduría de las plantas: incluso cuando tienen raíces, siempre hay un afuera en el que hacen rizoma con algo: con el viento, con un animal, con el hombre (y también un aspecto por el cual los animales hacen rizoma, y los hombres, etc.). «La embriaguez como irrupción triunfal de la planta en nosotros». Continuar siempre el rizoma por ruptura, alargar, prolongar, alternar la línea de fuga, variarla hasta producir la línea más abstracta y más tortuosa de n dimensiones, de direcciones quebradas. Conjugar los flujos desterritorializados. Seguir las plantas: comenzar fijando los límites de una primera línea según círculos de convergencia alrededor de singularidades sucesivas; luego ver si en el interior de esa línea se establecen nuevos círculos de convergencia con nuevos puntos situados fuera de los límites y en otras direcciones. Escribir, hacer rizoma, ampliar nuestro territorio por desterritorialización, extender la línea de fuga hasta lograr que cubra [couvre] todo el plan de consistencia en una máquina abstracta. «Empieza por acercarte a tu primera planta y observa atentamente cómo se derrama el agua a chorros a partir de ese punto. La lluvia ha debido transportar las semillas lejos. Sigue los surcos abiertos por el agua, así conocerás la dirección de su curso. Ahora es cuando tienes que buscar la planta que en esa dirección está más alejada de la tuya. Todas las que crecen entre esas dos son tuyas. Más tarde, cuando éstas últimas esparzan a su vez sus semillas, podrás, siguiendo el curso de las aguas a partir de cada una de esas plantas, ampliar tu territorio»[18]. La música no ha cesado de hacer pasar sus líneas de fuga como otras tantas «multiplicidades de transformación», aunque para ello haya tenido que trastocar sus propios códigos que la estructuran o la arborifican; por eso la forma musical, hasta en sus rupturas y proliferaciones, es comparable a la mala hierba, un rizoma[19].

5° y 6°. - Principios de cartografía y calcomanía: un rizoma no responde a ningún modelo estructural o generativo. Es tan ajeno a toda idea de eje genético, como a la de estructura profunda. Un eje genético es como una unidad pivotal objetiva a partir de la cual se organizan estadios sucesivos; una estructura profunda es como una serie cuya base se puede descomponer en constituyentes inmediatos, mientras que la unidad del producto pasa a [pass dans] otra dimensión, transformacional y subjetiva. Así no se sale del modelo representativo del árbol o de la raíz pivotante o fasciculada (por ejemplo el «árbol» chomskyano, asociado a la serie de base, y representando el proceso [processus] de su engendramiento según la lógica binaria). Variación sobre el más viejo pensamiento. Para nosotros el eje genético o la estructura profunda son ante todo principios de calco reproducibles hasta el infinito. La lógica del árbol es una lógica del calco y de la reproducción. Tanto en la lingüística como en el psicoanálisis tiene por objeto un inconsciente representativo, cristalizado en complejos codificados, dispuesto en un eje genético o distribuido en una estructura sintagmática. Su finalidad es la descripción de un estado de hecho, la compensación de relaciones inter-subjetivas o la exploración de un inconsciente presente [déjà là], agazapado en los rincones oscuros [tapi dans les recoins] de la memoria y del lenguaje. Consiste, pues, en calcar algo que se da por hecho, a partir de una estructura que sobrecodifica o de un eje que soporta. El árbol articula y jerarquiza calcos, los calcos son como las hojas del árbol.

Muy distinto es el rizoma, mapa y no calco. Hacer el mapa y no el calco. La orquídea no reproduce el calco de la avispa, hace mapa con la avispa en el seno de un rizoma. Si el mapa se opone al calco es precisamente porque está totalmente orientado hacia una experimentación que actúa sobre lo real. El mapa no reproduce un inconsciente sobre sí mismo, lo construye. Contribuye a la conexión de los campos, al desbloqueo de los cuerpos sin órganos, a su máxima apertura en un plano de consistencia. Forma parte del rizoma. El mapa es abierto, capaz de ser conectado en todas sus dimensiones, desmontable, reversible [renversable], susceptible de recibir constantemente modificaciones. Puede ser roto, invertido [renversée], adaptarse a distintos montajes, ser iniciado [être mise en chantier] por un individuo, un grupo, una formación social. Puede dibujarse en una pared, concebirse como una obra de arte, construirse como una acción política o como una meditación. Una de las características más importantes del rizoma quizá sea la de tener siempre múltiples entradas; en ese sentido, la madriguera es un rizoma animal que a veces presenta una clara distinción entre la línea de fuga como pasillo de desplazamiento, y los estratos de reserva o de hábitat (cf. la rata almizclera). Contrariamente al calco, que siempre vuelve «a lo mismo», un mapa tiene múltiples entradas. Un mapa es un asunto de actuación [performance], mientras que el calco siempre remite a una supuesta «competencia» [«compétence»].[20] Contrariamente al psicoanálisis, a la competencia psicoanalítica, que ajusta cada deseo y enunciado a un eje genético o a una estructura sobrecodificante, y saca hasta el infinito calcos monótonos de los estadios en ese eje o de los componentes de esta estructura, el ezquizoanálisis rechaza toda idea de fatalidad calcada, cualquiera que sea el nombre que se le dé, divina, anagógica, histérica, económica, estructural, hereditaria o sintagmática. (Es evidente que Melanie Klein no entiende el problema de cartografía de uno de sus pacientes infantiles, el pequeño Richard, y se contenta con sacar calcos prefabricados –Edipo, el buen y el mal padre, la mala y la buena madre–, mientras que el niño intenta desesperadamente continuar una actuación [performance] que el psicoanálisis desconoce totalmente.)[21] Las pulsiones y objetos parciales no son ni estadios sobre el eje genético, ni posiciones en una estructura profunda: son opciones políticas para problemas, entradas y salidas, callejones sin salida que el niño vive políticamente, es decir, con toda la fuerza de su deseo.

¿No estaremos restaurando un simple dualismo al oponer los mapas y los calcos como el lado bueno y el lado malo? ¿No es lo propio de un mapa poder ser calcado? ¿No es lo propio de un rizoma cruzar raíces, confundirse a veces con ellas? ¿No conlleva un mapa fenómenos de redundancia que ya son como sus propios calcos? ¿No tiene una multiplicidad sus estratos en los que se enraizan unificaciones y totalizaciones, masificaciones, mecanismos miméticos, tomas de poder [des prises de pouvoir] significantes, atribuciones subjetivas? ¿No reproducen incluso las líneas de fuga, gracias a su divergencia eventual, las formaciones que ellas deberían deshacer o evitar? Pero lo contrario también es cierto, es una cuestión de método: siempre hay que volver a colocar el calco sobre el mapa. Y esta operación no es en modo alguno simétrica de la precedente. Porque no es rigurosamente exacto que un calco reproduzca el mapa. Un calco es mas bien como una foto, una radiografía que comenzaría por seleccionar o aislar lo que pretende reproducir, con la ayuda de medios artificiales, con la ayuda de colorantes u otros procedimientos de contraste. El que imita siempre crea su modelo, y lo atrae. El calco ha traducido ya el mapa en imagen, ha transformado ya el rizoma en raíces y raicillas. Ha organizado, estabilizado, neutralizado las multiplicidades según ejes de significancia [signifiance] y de subjetivación que le son propios.[22] Ha generado, estructuralizado el rizoma, y, cuando cree reproducir otra cosa, ya sólo se reproduce a sí mismo. Por eso es tan peligroso. Inyecta redundancias y las propaga. Lo que el calco reproduce del mapa o del rizoma son los atolladeros [impasses], los bloqueos, los gérmenes de pivote o los puntos de estructuración. Véase el psicoanálisis y la lingüística: el primero no ha hecho más que sacar calcos o fotos del inconsciente; la segunda, calcos o fotos del lenguaje, con todas las traiciones que eso supone (no debe, pues, extrañarnos que el psicoanálisis haya unido sus suerte a la lingüística). Véase, si no, lo que ya ocurría con el pequeño Hans, dentro del más puro ejemplo del psicoanálisis infantil: no se ha cesado de romperle su rizoma, de mancharle su mapa, de ponérselo al derecho, de bloquearle toda salida, hasta hacer que desee su propia vergüenza y su culpabilidad, hasta lograr que enraícen en él la vergüenza y la culpabilidad, fobia (le cortan el rizoma del inmueble, luego el de la calle, lo enraizan en la cama de los padres, lo enraicillan en su propio cuerpo, lo bloquean en el profesor Freud). Freud considera explícitamente la cartografía del pequeño Hans, pero siempre y únicamente para ajustarla a una foto de familia. Véase sino lo que hace Melanie Klein con los mapas geopolíticos del pequeño Richard: saca fotos, hace calcos, adoptá la pose o seguí el eje, estadio genético o destino estructural, te romperán el rizoma. Te dejarán vivir y hablar a condición de bloquearte cualquier salida. Cuando un rizoma es interceptado [bouché], arborificado, se acabó, el deseo no pasa; porque el deseo se mueve y produce por rizoma. Cada vez que el deseo sigue un árbol se producen repercusiones internas que lo hacen fracasar y lo conducen a la muerte; pero el rizoma opera sobre el deseo por impulsos exteriores y productivos.

Por eso es tan importante intentar la otra operación, inversa pero no simétrica: reorientar [rebrancher] los calcos hacia el mapa, relacionar las raíces o los árboles con un rizoma. Estudiar el inconsciente, en el caso del pequeño Hans, sería mostrar cómo intenta constituir un rizoma, con la casa familiar, pero también con la línea de fuga del inmueble, de la calle, etc.; mostrar cómo, al estar bloqueadas esas líneas, el niño se hace enraizar en la familia, fotografiar bajo el padre, calcar sobre el lecho materno; después, mostrar cómo la intervención del profesor Freud asegura tanto una toma de poder del significante como una subjetivización de los afectos; mostrar cómo el niño ya no puede fugar [fuir] más que bajo la forma de un devenir-animal aprehendido como vergonzoso y culpable (el devenir-caballo del pequeño Hans, verdadera opción política). Pero siempre habría que re-situar los atolladeros [impasses] sobre el mapa y, así, abrirlos sobre líneas de fuga posibles. Y sería lo mismo para un mapa de grupo: mostrar en qué punto del rizoma se forman fenómenos de masificación, de burocracia, de liderazgo, de fascisticación, etc., qué líneas subsisten sin embargo, aunque sea subterráneamente, y continúan haciendo rizoma oscuramente. El método Deligny: hacer un mapa de los gestos y de los movimientos de un niño autista, combinar varios mapas para el mismo niño, para varios niños...[23]. Si es verdad que el mapa o el rizoma tienen esencialmente entradas múltiples, entonces se considerará que se puede entrar en él por el camino de los calcos o por la vía de los árboles-raíces, pero, eso sí, con todas las precauciones necesarias (también aquí habría que renunciar a un dualismo maniqueo). Por ejemplo, a menudo nos veremos obligados a caer en atolladeros, a pasar por poderes significantes y afecciones subjetivas, a apoyarnos sobre formaciones edípicas, paranoicas o aún peores, así como territorialidades endurecidas que hacen posibles otras operaciones transformacionales. Hasta es muy posible que el psicoanálisis sirva –oh, muy a su pesar– de punto de apoyo. En otros casos, al contrario, nos apoyaremos directamente sobre una línea de fuga que permita hacer eclosionar[24] los estratos, romper las raíces y efectuar nuevas conexiones. Hay, por lo tanto, disposiciones muy diferentes, mapas-calcos, rizomas-raíces, con coeficientes de desterritorialización variables. Existen estructuras de árbol o de raíces en los rizomas pero, inversamente, una rama de árbol o una división de raíz pueden brotar en rizoma. El punto de referencia [repérage] no depende aquí de análisis teóricos que impliquen universales, sino de una pragmática que compone las multiplicidades y los ensambles de intensidades. En el corazón de un árbol, en el hueco de una raíz o en la axila de una rama un nuevo rizoma puede formarse. O bien es un elemento microscópico del árbol-raíz, una raicilla, la que comienza la producción del rizoma. La contabilidad, la burocracia proceden por calcos; pero también pueden ponerse a brotar, a lanzar tallos de rizoma, como en una novela de Kafka. Un trazo [trait] intensivo se pone a actuar por su cuenta, una percepción alucinatoria, una sinestesia, una mutación perversa, un juego de imágenes, se liberan, y la hegemonía [hégémonie] del significante queda puesta en cuestión. Las semióticas gestuales, mímicas, lúdicas, etc., recuperan su libertad en el niño y se separan del «calco», es decir, de la competencia dominante de la lengua del educador [instituteur]: un acontecimiento microscópico altera completamente el equilibrio del poder local. Así, los árboles generativos, construidos sobre el modelo sintagmático de Chomsky, podrían abrirse en todos los sentidos, hacer rizoma a su vez[25]. Ser rizomorfo es producir tallos y filamentos que tiene el aspecto de raíces, o mejor aún, que se conectan con ellas al penetrar en el tronco, libres para servir a nuevos usos extraños. Estamos cansados del árbol. No debemos creer más en los árboles, en las raíces o en las raicillas, nos han hecho sufrir demasiado. Toda la cultura arborescente está fundada en ellos, desde la biología hasta la lingüística. Al contrario, nada es bello, nada es amoroso, nada es político político, excepto los tallos subterráneos y las raíces aéreas, lo adventicio y el rizoma. Amsterdam, ciudad nada enraizada, ciudad-rizoma con sus canales-tallos, donde la utilidad se conecta con la mayor locura, en su relación con una máquina de guerra comercial.

{El pensamiento no es arborescente, el cerebro no es una materia enraizada ni ramificada. Las erróneamente llamadas «dendritas» no aseguran la conexión de las neuronas de un tejido continuo. La discontinuidad de las células, el papel de los axones, el funcionamiento de la sinapsis, la existencia de micro-fisuras sinápticas, el salto de ese mensaje por encima de esas fisuras, convierten el cerebro en una multiplicidad inmersa en su plan de consistencia o en su guía, todo un sistema aleatorio de probabilidades: uncertain nervous system. Muchas personas tienen plantado un árbol en la cabeza, pero en realidad el cerebro es más una hierba que un árbol. «El axon y la dentrita se enrollan uno en otro como la enredadera en el espino, con una sinapsis en cada espina.»[26] Y lo mismo de puede decir de la memoria... Los neurólogos, los psico-fisiólogos, distinguen una memoria larga y una memoria corta ( del orden de un minuto). Ahora bien, la diferencia entre ellas no sólo es cualitativa: la memoria corta es del tipo rizoma, diagrama, mientras que la larga es arborescente y centralizada (huella, engramma, foto o calco). La memoria corta no está en modo alguno sometida a una ley de contigüidad o de inmediatez a su objeto, puede ser a distancia, manifestarse o volver a manifestarse tiempo después, pero siempre en condiciones de discontinuidad, de ruptura y de multiplicidad. Es más, las dos memorias no se distinguen como dos modos temporales de aprehender una misma cosa; no captan lo mismo, el mismo recuerdo, ni tampoco la misma idea. Esplendor de una idea corta (concisa): se escribe con la memoria corta, así pues, con ideas cortas, incluso si se lee y relee con la memoria larga de los amplios conceptos. La memoria corta incluye el olvido como proceso [processus]; no se confunde con el instante, sino con el rizoma colectivo, temporal y nervioso. La memoria larga (familia, raza, sociedad o civilización) calca y traduce, pero lo que traduce continúa actuando en ella a distancia, a contratiempo, «intempestivamente», no instantáneamente.}

El árbol o la raíz inspiran una triste imagen del pensamiento que no cesa de imitar lo múltiple a partir de una unidad superior, centro o segmento. En efecto, si consideramos el conjunto de ramas-raíces, el tronco desempeña el papel de segmento opuesto para uno de los subconjuntos recorridos desde abajo hacia arriba: ese segmento será un «dipolo de unión [liaison]», para diferenciarlo de los «dipolos-unidades» que forman los rayos que emanan de un solo centro[27]. Pero las mismas uniones [liaison] pueden proliferar como en el sistema raicilla, sin salir jamás de lo Uno-Dos, y de las multiplicidades tan sólo aparentes. Las regeneraciones, las reproducciones, las retroacciones, las hidras y las medusas tampoco nos permiten salir. Los sistemas arborescentes son sistemas jerárquicos que comportan centros de significancia y de subjetivación, autómatas centrales como memorias organizadas. Esto es así porque los modelos correspondientes son tales que un elemento no recibe sus informaciones más que de una unidad superior, y una afectación subjetiva, de vínculos [liaisons] preestablecidas. Esto puede observarse en los problemas actuales de la informática y de las máquinas electrónicas, que conservan aún el más viejo pensamiento en la medida en que confieren el poder a una memoria o a un órgano central. En un bello artículo que denuncia «la imaginería de las arborescencias de mando» (sistemas centrados o estructuras jerárquicas), Pierre Rosenstiehl y Jean Petiot resaltan: «Admitir la primacía de las estructuras jerárquicas significa privilegiar las estructuras arborescentes. [...] La forma arborescente admite una explicación topológica. [...] En un sistema jerárquico, un individuo no admite más que un solo vecino activo, su superior jerárquico. [...] Los canales de transmisión están preestablecidos: la arborescencia preexiste al individuo, que se integra en ella en un lugar preciso» (significancia y subjetivización). Los autores señalan a este respecto que, incluso cuando se cree alcanzar una multiplicidad, puede ocurrir que esa multiplicidad sea falsa –lo que nosotros llamamos tipo raicilla– porque su presentación o su enunciado de apariencia no jerárquica sólo admite de hecho una solución totalmente jerárquica: así el famoso teorema de la amistad, «si en una sociedad dos individuos cualesquiera tienen un amigo común, entonces existen un individuo amigo de todos los otros”(como dicen Rosenstiehl y Petitot, ¿quién es el amigo común, «el amigo universal de esta sociedad de parejas, maestro, confesor, médico?, ¿tantas ideas que están extrañamente alejadas de los axiomas de partida», el amigo del género humano?, ¿o bien el filó-sofo tal y como aparece en el pensamiento clásico, incluso si es la unidad abortada que sólo vale por su propia ausencia o su subjetividad, al decir yo no sé nada, yo no soy nada?). Los autores hablan a este respecto de teoremas de dictadura. Tal es el principio de los árboles raíces, o la salida, la solución de las raicillas, la estructura del Poder[28].

A estos sistemas centrados, los autores oponen sistemas acentrados, redes de autómatas finitos en las que la comunicación se realiza de un vecino a cualquier otro, en las que los tallos o canales no preexisten, en las que los individuos son todos intercambiables, definiéndose únicamente por un estado en un momento determinado, de tal manera que las operaciones locales se coordinen y que el resultado final global se sincronice independientemente de una instancia central. Una transducción de estados intensivos reemplaza a la topología, y «el grafo que regula la circulación de información es de algún modo lo contrario del grafo jerárquico... El grafo no tiene ninguna razón para ser un árbol”(nosotros llamábamos mapa a este grafo). Problema de la máquina de guerra o del Firing Squad: ¿es necesario un General para que n individuos lleguen al mismo tiempo al estado fuego? La solución sin General se encuentra mediante una multiplicidad acentrada que comporta un número finito de estados y señales de velocidad correspondiente, desde el punto de vista de un rizoma de guerra o de una lógica de guerrilla, sin calco, sin copia de un orden central. Se demuestra asimismo que esa multiplicidad, disposición o sociedad maquínicas, rechaza como «intruso asocial”todo autómata centralizador, unificador[29]. N, a partir de aquí, es siempre n - 1. Rosenstiehl y Petitot insisten sobre esto, que la oposición centrado-acentrado vale menos por las cosas que designa, que por los modos de cálculo que aplica a las cosas. Unos árboles pueden corresponder al rizoma, o inversamente brotar en rizoma. Y generalmente es verdad que una misma cosa admite los dos modos de cálculo o los dos tipos de regulación, aunque no sin cambiar singularmente de estado en uno u otro caso. Sea una vez más el ejemplo del psicoanálisis: no sólo en su teoría, sino también en su práctica de cálculo y de tratamiento, el psicoanálisis somete al inconsciente a estructuras arborescentes, a grafos jerárquicos, a memorias recapituladoras, a órganos centrales, falos, árbol-falo. El psicoanálisis no puede cambiar de método al respecto: sobre una concepción dictatorial del inconsciente funda su propio poder dictatorial, el poder de los psicoanalistas sobre los psicoanalizados y de las sociedades de psicoanálisis sobre los psicoanalistas. El margen de maniobra del psicoanálisis queda así muy reducido. Siempre hay un general, un jefe, tanto en el psicoanálisis como en su objeto (el general Freud). Por el contrario, tratando el inconsciente como un sistema acentrado, es decir, como una red maquínica de autómatas finitos (rizoma), el esquizo-análisis accede a un estado completamente distinto del inconsciente. Las mismas observaciones sirven para la lingüística; Rosenstiehl y Petiot consideran, acertadamente, la posibilidad de una «organización acentrada de una sociedad de palabras». Tanto para los enunciados como para los deseos, la cuestión nunca estriba en reducir el inconsciente, en interpretarlo o en hacerlo significar según su árbol. La cuestión es producir el inconsciente y, con él, nuevos enunciados, otros deseos: el rizoma es esta producción del inconsciente mismo.

Es curioso cómo el árbol ha dominado la realidad occidental y todo el pensamiento occidental, desde la botánica hasta la biología, la anatomía, pero también por la gnoseología, la teología, la ontología, toda la filosofía...: el fundamento-raíz, Grund, roots y fundations. Occidente tiene una relación privilegiada con el bosque y con la tala; los campos conquistados al bosque se pueblan de gramíneas, objeto de una cultura de linajes, basada en la especie y de tipo arborescente; el ganado a su vez, desplegado en barbecho, selecciona linajes que forman toda una arborescencia animal. Oriente presenta otra figura: la relación con la estepa y el jardín (en otros casos, el desierto y el oasis), más bien que con el bosque y el campo; una cultura de tubérculos que procede por fragmentación del individuo; una separación, una puesta entre paréntesis del ganado confinado en espacios cerrados o rechazado hacia la estepa de los nómadas. Occidente, agricultura de un linaje seleccionado con muchos individuos variables; Oriente, horticultura de un pequeño número de individuos que remite a una gran gama de «clones». ¿No hay en Oriente, sobre todo en Oceanía, una suerte de modelo rizomático que se opone desde todo punto de vista al modelo occidental del árbol? Haudricourt ve en eso mismo una razón de la oposición entre las morales y las filosofías de la trascendencia, caras a Occidente, y las de la inmanencia en Oriente: el Dios que siembra y siega, por oposición al Dios que horada y desentierra (horadar frente a sembrar[30]). Trascendencia, enfermedad propiamente europea. Y no es la misma música, la tierra no tiene allí la misma música. Y no es, en absoluto, la misma sexualidad: las gramíneas, aun reuniendo los dos sexos, someten la sexualidad al modelo de la reproducción; el rizoma, por el contrario, es una liberación de la sexualidad, no solamente en relación a la reproducción, sino también en relación a la genitalidad. Entre nosotros el árbol se ha plantado en los cuerpos, ha endurecido y estratificado hasta los sexos. {Hemos perdido el rizoma o la hierba. Henry Miller: «China es la mala hierba en el huerto de coles de la Humanidad. [...] La mala hierba es la Némesis de los esfuerzos humanos. De todas las existencias imaginarias que prestamos a las plantas, a los animales y a las estrellas, quizá sea la mala hierba la que lleva una vida más sabia. Es verdad que la hierba no produce ni flores, ni portaaviones, ni Sermones de la Montaña. [...] Pero, a fin de cuentas, la hierba siempre tiene la última palabra. A fin de cuentas, todo vuelve al estado de China. Es lo que los historiadores llaman habitualmente las tinieblas de la Edad Media. No hay más salida que la hierba. [...] La hierba no existe más que entre los grandes espacios no cultivados. Llena los vacíos. Crece entre, y en medio de las otras cosas. La flor es bella, la col es útil, el beleño vuelve loco. Pero la hierba es desbordamiento, toda una lección moral»[31]. ¿De qué China habla Miller, de la antigua, de la actual, de una imaginaria, o bien de otra que formaría parte de un mapa mutante [mouvante]?}

Habría que hacer un lugar aparte para América. Por supuesto, América no está exenta de la dominancia [domination] de los árboles y de una investigación [recherche] de las raíces. Lo vemos hasta en la literatura, en la búsqueda [quête] de una identidad nacional y, asimismo, de una ascendencia o genealogía europeas (Kerouac parte en busca [à la recherche] de sus ancestros). Sin embargo, todo lo importante que ha pasado, todo lo importante que pasa, procede por rizoma americano: beatnik, underground, subterráneos, bandas y pandillas, brotes laterales sucesivos en conexión inmediata con un afuera. Diferencia del libro americano con el libro europeo, incluso cuando el americano se lanza en persecución de árboles. Diferencia en la concepción del libro. «Hojas de hierba». Ocurre que en América las direcciones no son mismas: en el Este se llevan a cabo la indagación [recherche] arborescente y el retorno al viejo mundo. Pero el Oeste es rizomático, con sus Indios sin ascendencia, su límite siempre huidizo, sus fronteras movedizas [mouvantes] y desplazadas. Todo un «mapa”americano al Oeste, donde hasta los árboles hacen rizoma. América invirtió las direcciones: puso su oriente al Oeste, como si la tierra hubiera devenido redonda precisamente en América; su Oeste es la franja misma del Este.[32] (No es la India, como creía Haudricourt, la que hace de intermediaria entre Occidente y Oriente, sino América la que hace de pivote y mecanismo de inversión). La cantante americana Patti Smith canta la biblia del del dentista americano: No busquen la raíz, sigan el canal...

¿No habría también dos burocracias, e incluso tres (y más aún)? La burocracia occidental: su origen agrario, catastral, las raíces y los campos, los árboles y su papel de fronteras, el gran censo de Guillermo el Conquistador, la feudalidad, la política de los reyes de Francia, asegurar el Estado sobre la propiedad, negociar las tierras mediante la guerra, los procesos [procès] y los matrimonios. Los reyes de Francia eligen el lis, porque es una planta de raíces profundas que fija los taludes. ¿Ocurre lo mismo en Oriente? Por supuesto, resulta muy fácil presentar un Oriente de rizoma y de inmanencia; el Estado no actúa allí según un esquema de arborescencia correspondiente a clases preestablecidas, arborificadas y enraizadas; es una burocracia de canales, por ejemplo el famosos poder hidráulico de «propiedad débil», por el que el Estado engendra clases canalizantes y canalizadas (cf. aquello que jamás ha sido refutado en la tesis de Wittfogel). El déspota actúa allí como río y no como una fuente que aún sería un punto, punto-árbol o raíz; más que sentarse bajo el árbol, contrae nupcias con las aguas; hasta el árbol de Buda deviene rizoma; el río de Mao y el árbol de Luis. También aquí, ¿no desempeña América un papel de intermediario? Porque ella actúa a la vez mediante exterminios, liquidaciones internas (no sólo de los indios, sino también de los granjeros, etc.) y por oleadas sucesivas de inmigraciones externas. El flujo del capital produce un inmerso canal, una cuantificación de poder, con los «quanta”inmediatos donde cada uno aprovecha a su manera el paso del flujo-dinero (de ahí el mito-realidad del pobre que deviene [devient] millonario para volverse [redevenir] pobre): todo se reúne en América, a la vez árbol y canal, raíz y rizoma. No hay capitalismo universal en sí, el capitalismo está en la encrucijada de toda clase de formaciones, por naturaleza es siempre neo-capitalismo, inventa para lo peor su cara de oriente y su cara de occidente y su reajuste de ambas.

Al mismo tiempo, con todas estas distribuciones geográficas vamos por mal camino. Un atolladero, tanto mejor. Si se trata de mostrar que también los rizomas tienen su propio despotismo, su propia jerarquía, aún más duros, está muy bien, porque no hay dualismo, ni dualismo ontológico de aquí y allá, ni dualismo axiológico de lo bueno y lo malo, ni de mezcla o de síntesis americana. Hay nudos de arborescencia en los rizomas, hay brotes rizomáticos en las raíces. Es más, hay formaciones despóticas, de inmanencia y de canalización, propias de los rizomas. Hay deformaciones anárquicas en el sistema trascendente de los árboles, raíces aéreas y tallos subterráneos. Lo que cuenta aquí es que el árbol-raíz y el rizoma-canal no se oponen como dos modelos: uno actúa como modelo y como calco trascendente, aunque engendre sus propias fugas; el otro actúa como proceso [processus] inmanente que invierte [renverse] el modelo y boceta un mapa, aunque constituya sus propias jerarquías, aunque suscite un canal despótico. No se trata de tal o cual lugar sobre la tierra, ni de tal o cual momento de la historia, ni mucho menos de tal o cual categoría en el espíritu. Se trata del modelo, que no cesa de erigirse y de desmoronarse, y del proceso [processus] que no cesa de alargarse, romperse y recomenzar. Otro o un nuevo dualismo, no. Problema de la escritura: siempre hacen falta expresiones anexactas para designar algo exactamente. Y no porque simplemente hubiera que pasar por ahí ni porque no se pueda proceder más que por aproximaciones: la anexactitud no es ninguna aproximación, es al contrario el paso exacto de lo que se hace. Si invocamos un dualismo es para recusar otro. Si nos servimos de un dualismo de modelos es para alcanzar un proceso [processus] que recusaría todo modelo. Hacen falta, cada vez, los correctores cerebrales que deshagan los dualismos que no hemos querido hacer, por los cuales pasamos. Arribar a la fórmula mágica que todos buscamos: pluralismo = monismo, pasando por todos los dualismos que son el enemigo, pero el enemigo completamente necesario, el mueble que no cesamos de desplazar.

Resumamos los caracteres principales de un rizoma: a diferencia de los árboles o de sus raíces, el rizoma conecta un punto cualquiera con otro punto cualquiera, y cada uno de sus trazos [traits] no reenvía necesariamente a trazos de la misma naturaleza, pone en juego regímenes de signos muy diferentes e incluso estados de no-signos. El rizoma no se deja reducir ni a lo Uno ni a lo múltiple. No es lo Uno que deviene dos, ni tampoco que devendría directamente tres, cuatro o cinco, etc. No es un múltiple que deriva de lo Uno, ni al que lo Uno se añadiría (n + 1). No está hecho de unidades, sino de dimensiones {, o más bien de direcciones mutantes [mouvantes]. No tiene comienzo ni fin, siempre tiene un medio por el que crece y desborda}. Constituye multiplicidades lineales de n dimensiones, sin sujeto ni objeto, montadas sobre un plano de consistencia del que lo Uno siempre es sustraído (n - 1). Una multiplicidad de este tipo no varía sus dimensiones sin cambiar su propia naturaleza y metamorfosearse. Contrariamente a una estructura, que se define por un conjunto de puntos y de posiciones, de relaciones binarias entre esos puntos y de relaciones biunívocas entre estas posiciones, el rizoma está hecho solamente de líneas: líneas de segmentaridad, de estratificación, como dimensiones, pero también línea de fuga o de desterritorialización como dimensión máxima según la cual, siguiéndola, la multiplicidad se metamorfosea cambiando de naturaleza. No se confundirán tales líneas, o lineamientos, con las líneas de tipo arborescente, que son meramente uniones [liasons] localizables entre puntos y posiciones. Al contrario del árbol, el rizoma no es objeto de reproducción: ni reproducción externa como el árbol-imagen, ni reproducción interna como la estructura-árbol. El rizoma es una anti-genealogía. Es una memoria corta o una anti-memoria. El rizoma procede por variación, expansión, conquista, captura, pinchazo [piqûre]. Al contrario del grafismo, del dibujo o de la foto, al contrario de los calcos, el rizoma está en relación con un mapa que debe ser producido, construido, siempre desmontable, conectable, invertible [reversable], modificable, con entradas y salidas múltiples, con sus líneas de fuga. Son los calcos lo que hay que volver a llevar sobre los mapas y no a la inversa. Contra los sistemas centrados (incluso poli-centrados), de comunicación jerárquica y de uniones preestablecidas, el rizoma es un sistema acentrado, no jerárquico y no significante, sin General, sin memoria organizadora o autómata central, únicamente definido por una circulación de estados. La cuestión en el rizoma es una relación con la sexualidad, pero también con el animal, con el vegetal, con el mundo, con la política, con el libro, con todo lo natural y lo artificial, totalmente diferente de la relación arborescente: toda clase de «devenires».

{Una planicie siempre está en el medio, ni al inicio ni al final. Un rizoma está hecho de planicies. Gregory Bateson se sirve de la palabra «plateau» para designar algo muy especial: una región continua de intensidades, que vibra sobre sí misma, y que se desarrolla evitando toda orientación sobre un punto culminante o hacia un fin exterior. Bateson cita como ejemplo la cultura balinesa, en la que los juegos sexuales madre-hijo, o bien las disputas entre hombres, pasan por esa extravagante [bizarre] estabilización intensiva. «Una especie de planicie continua de intensidad sustituye al orgasmo», a la guerra o al punto culminante. Un rasgo nefasto del espíritu occidental consiste en relacionar las expresiones y las acciones con fines externos o trascendentes, en lugar de considerarlas sobre un plano de inmanencia según su valor intrínseco[33]. Por ejemplo, en tanto que un libro está hecho de capítulos, tiene sus puntos culminantes, sus puntos de terminación. ¿Qué ocurre, al contrario, cuando un libro está hecho de planicies, comunicantes las unas con las otras a través de microfisuras, como ocurre en el cerebro?} Nosotros llamamos «planicie”a toda multiplicidad conectable con otras por tallos subterráneos superficiales, de tal manera que forma y extiende un rizoma. Escribimos este libro como un rizoma. Lo hemos compuesto de planicies. Le hemos dado una forma circular, pero sólo por bromear. Cada mañana nos levantábamos y cada uno de nosotros se preguntaba cuáles planicies iba a tomar, escribía cinco líneas aquí, diez líneas allá. Hemos tenido experiencias alucinatorias, hemos visto a las líneas, como columnas de hormiguitas, abandonar una planicie para dirigirse a otra. Hemos trazado círculos de convergencia. Cada planicie puede leerse por cualquier sitio, y ponerse en relación con cualquier otra. Para lograr lo múltiple se necesita un método que efectivamente lo haga; ninguna astucia tipográfica, ninguna habilidad léxica, mezcla o creación de palabras, ninguna audacia sintáctica pueden sustituirlo. En efecto, a menudo, todo eso solo son procedimientos miméticos destinados a diseminar o dislocar una unidad que se mantiene en otra dimensión para un libro-imagen. Tecno-narcisismo. Las creaciones tipográficas, léxicas o sintácticas sólo son necesarias si dejan de pertenecer a la forma de expresión de una unidad oculta, para devenir ellas mismas una de las dimensiones de la multiplicidad considerada; conocemos escasos logros en este género[34]. Nosotros no hemos sabido hacerlo por nuestra cuenta. Solamente empleamos palabras que, a su vez, funcionaban para nosotros como planicies. rizomática = esquizoanálisis = estratoanálisis = pragmática = micropolítica. Estas palabras son conceptos, pero los conceptos son líneas, es decir sistemas de números atados a tal o cual dimensión de las multiplicidades (estratos, cadenas moleculares, líneas de fuga o de ruptura, círculos de convergencia, etc.). En ningún caso pretendemos el título de una ciencia. No sabemos más de cientificidad que de ideología, pero sabemos de disposiciones. Sólo hay disposiciones maquínicas de deseo, como también disposiciones colectivas de enunciación. Nada de significancia y nada de subjetivación: escribir a n (toda enunciación individuada queda prisionera de las significaciones dominantes, todo deseo significante remite a sujetos dominados). Un agenciamiento en su multiplicidad trabaja a la vez forzosamente sobre flujos semióticos, flujos materiales y flujos sociales (independientemente de la recuperación que puede hacerse de todo eso en un corpus teórico o científico). No estamos más ante una tripartición entre un campo de realidad, el mundo, un campo de representación, el libro, y un campo de subjetividad, el autor. Sino que una disposición pone en conexión ciertas multiplicidades pertenecientes a cada uno de esos órdenes, de suerte que un libro no se continúa en el libro siguiente, ni tiene su objeto en el mundo, ni su sujeto en uno o varios autores. En resumen, nos parece que la escritura nunca se hará suficientemente en nombre de un afuera. El afuera no tiene imagen, ni significación, ni subjetividad. El libro, disposición con el afuera, frente al libro-imagen del mundo. Un libro-rizoma, y no dicotómico, pivotante o fasciculado. No hacer nunca raíz, ni plantarla, aunque sea muy difícil no recaer en esos viejos procedimientos. «Las cosas que me vienen a la mente no se presentan por su raíz, sino por un punto cualquiera situado hacia el medio de la ocurrencia. Ensayen, pues, retenerlas, ensayen retener esa brizna de hierba que sólo empieza a crecer por la mitad del tallo, y no la dejen ir»[35]. ¿Por qué es tan difícil? Se trata ya de una cuestión de semiótica perceptiva. {No es fácil percibir las cosas por el medio, ni por arriba ni por abajo, o inversamente, ni de izquierda a derecha, o inversamente: inténtenlo y verán cómo todo cambia. No es fácil ver la hierba en las cosas y en las palabras (Nietzsche decía de la misma manera que un aforismo debía ser «rumiado», y una planicie es inseparable de las vacas que la pueblan, y que son también las nubes del cielo).}

Se escribe la historia, pero siempre se ha escrito desde el punto de vista de los sedentarios, en nombre de un aparato unitario de Estado, al menos posible incluso cuando se hablaba de los nómadas. Lo que falta es una Nomadología, lo contrario de una historia. Sin embargo existen también raros y grandes logros, por ejemplo a propósito de la Cruzada de los niños: el libro de Marcel Schwob que multiplica los relatos como otras tantas planicies de dimensiones variables. El libro de Andrzejewski, Las Puertas del Paraíso, hace de una sola frase ininterrumpida, flujo de niños, flujo de marcha con estancamiento, estiramiento, precipitación, flujo semiótico de todas las confesiones de niños que acuden a sincerarse al viejo monje que encabeza el cortejo, flujo de deseo y de sexualidad, cada uno partió por amor, y arrastrado, más o menos directamente, por el oscuro deseo póstumo y pederasta del Conde de Vendôme, con círculos de convergencia –lo importante no es que los flujos hagan «Uno o múltiple», ya no estamos ahí: hay una disposición colectiva de enunciación, una disposición maquínica de deseo, la una en la otra, y en conexión con un prodigioso afuera que de todas maneras hace multiplicidad–. Y después, más recientemente, el libro de Armand Farrachi sobre la IV Cruzada, La dislocación, en el que las frases se separan y se dispersan, o bien se atropellan y coexisten, y las letras, la tipografía, se ponen a bailar, a medida que la Cruzada delira[36]. He aquí modelos de escritura nómada y rizomática. La escritura sigue una máquina de guerra y líneas de fuga, abandona los estratos, las segmentaridades, la sedentaridad, el aparato de Estado. Pero ¿por qué todavía hace falta un modelo? ¿No sigue siendo el libro una «imagen» de las Cruzadas? ¿No sigue existiendo una unidad oculta, como unidad pivotante en el caso de Shwob, como unidad abortada en el caso de Farrachi, como unidad del conde mortuorio en el caso más hermoso de Las Puertas del Paraíso? ¿No hace falta un nomadismo más profundo que el de las Cruzadas, el de los verdaderos nómadas, o bien el nomadismo de los que ya ni siquiera se mueven, ni imitan nada? Ellos disponen solamente. ¿Cómo encontrará el libro un afuera propicio [suffisant] con el que poder disponer lo heterogéneo, más que un mundo a reproducir? Cultural, el libro es forzosamente un calco: calco de sí mismo en primer lugar, calco del libro precedente del mismo autor, calco de otros libros a pesar de las diferencias, calco interminable de conceptos y de palabras emplazadas, calco del mundo presente, pasado o por venir[37]. Pero el libro anticultural todavía arrastra un pesada carga cultural: sin embargo, hará de ella un uso activo de olvido y no de memoria, de subdesarrollo y no de progreso a desarrollar, de nomadismo y no de sedentarismo, de mapa y no de calco. Rizomática = pop’análisis, incluso si el pueblo tiene algo más para hacer que leer, incluso si los bloques de cultura universitaria o de pseudocientificidad continúan siendo demasiado penosos o pesados. La ciencia sería completamente loca si la dejaran hacer; véanse las matemáticas, que no son una ciencia, sino un prodigioso argot, y nomádico. Asimismo, y sobre todo, en el dominio teórico cualquier argumentación precaria y pragmática vale más que el calco de conceptos, con sus cortes y sus progresos que no cambian nada. La imperceptible ruptura antes que el corte significante. {Los nómadas inventaron una máquina de guerra contra el aparato de Estado.} La historia nunca ha comprendido el nomadismo, el libro nunca ha comprendido el afuera. Escribir para los que no saben leer: la gente se ríe sarcásticamente, «ustedes dos son los peores universitarios, ¿no se dan cuenta de las palabras utilizan y del chantaje al saber?» Nosotros no respondemos, no tenemos la misma concepción del libro, jamás nos hemos citado a nosotros mismos, jamás hemos entonado el canto de la vanguardia al estilo Bouillant Achille[38] o Tel Quel. Por lo tanto, no nos molestes, Edith Piaf. Qué placer si la gente dijera: nos decepcionan, se han vuelto locos. Y si dijeran: no se renuevan, mejor todavía. Estamos en otra parte. ¿Qué hacen los nómadas? Inventaron la máquina de guerra contra el aparato de Estado, totalmente diferente del aparato de Estado. Rizoma de una máquina de guerra contra el árbol-Estado. En el curso de una larga historia, el Estado ha sido el modelo del libro y del pensamiento: el logos, el filósofo-rey, la trascendencia de la Idea, la interioridad del concepto, la república de los espíritus, el tribunal de la razón, los funcionarios del pensamiento, el hombre legislador y sujeto. Pretensión del Estado de ser la imagen interiorizada de un orden del mundo, y de enraizar al hombre. Pero la relación de una máquina con el afuera no es otro «modelo», es una disposición que hace que el pensamiento devenga él mismo nómada, y el libro una pieza para todas las máquinas móviles [mobile], un tallo para un rizoma (Kleist y Kafka contra Goethe).

La mayoría de los libros que citamos son libros que amamos (a veces por razones secretas o perversas). Poco importa que unos sean muy conocidos, otros poco conocidos y otros olvidados. Sólo quisiéramos citar con amor. No pretendemos constituir una Suma o reconstituir una Memoria, sino más bien proceder por olvido y sustracción, hacer así un rizoma, hacer máquinas sobre todo desmontables, formar medios que dejen un momento sobrevivir bien esto o bien aquello: cuadernos desmenuzables en las sopas. Mejor aún, un libro funcional, pragmático: escojan lo que quieran. El libro ha dejado de ser un microcosmos, a la manera clásica o a la manera europea. El libro no es una imagen del mundo y menos aún un significante. No es una bella totalidad orgánica, no es tampoco una unidad de sentido. Cuando se le pregunta a Michel Foucault qué es para él un libro, responde: es una caja de herramientas. Proust, que suele ser estimado como altamente significante, decía que su libro era como un par de anteojos: úsenlos si les convienen, si perciben gracias a ellos lo que de otro modo no hubieran podido percibir; si no, dejen mi libro y busquen otros que les convengan más[39]. Encuentren trozos de libros, los que les sirvan o los que les convengan. Nosotros no leemos ni escribimos ya a la antigua usanza. No hay muerte del libro, sino otra manera de leer. En un libro no hay nada que comprender, pero sí mucho que aprovechar. Nada para interpretar ni para significar, pero mucho para experimentar. El libro debe formar máquinas con alguna cosa, debe ser una pequeña herramienta en un afuera. Ni representación del mundo ni mundo como estructura significante. El libro no es árbol-raíz, es pieza de un rizoma, planicie de un rizoma para el lector al que le conviene. Las combinaciones, las permutaciones, los usos no son nunca interiores al libro, sino que dependen de las conexiones con tal o cual exterior. Sí, tomen de él lo que quieran. Nosotros no pretendemos hacer escuela: las sectas, las capillas, las iglesias, las vanguardias y las retaguardias son todavía árboles que tanto en sus ascensos como en sus caídas ridículas aplastan todo lo que sucede de importancia.

Escribir a n, n - 1, escribir por slogans: ¡Hagan rizoma y no raíz, no planten nunca! ¡No siembren, horaden! ¡No sean uno ni múltiple, sean multiplicidades! ¡Hagan la línea, no el punto! La velocidad transforma el punto en línea[40]. ¡Sean rápidos, incluso sin moverse! Línea de suerte, línea de cadera[41], línea de fuga. ¡No susciten un General en ustedes! Nada de ideas justas, justo una idea (Godard). Tengan ideas cortas. Hagan mapas, y no fotos ni dibujos. Sean la Pantera Rosa, y que incluso vuestros amores sean como el del la avispa y la orquídea, el gato y el babuino.

{Se dice del viejo hombre-río:

He don’t plant tatos
Don’t plant cotton
Them that plants them is soon forgotten
But old man river he just keeps rollin along.[42]

Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, inter-ser, intermezzo. El árbol es filiación, pero el rizoma es alianza, únicamente de alianza. El árbol impone el verbo «ser», pero el rizoma tiene por tejido la conjunción «y... y... y...». En esta conjunción hay bastante fuerza para sacudir y desenraizar el verbo ser. ¿Adónde van?, ¿de dónde parten?, ¿adónde quieren llegar?, son preguntas inútiles. Hacer tabla rasa, partir o repartir desde cero, buscar un comienzo, o un fundamento, implican una falsa concepción del viaje y del movimiento (metódico, pedagógico, iniciático, simbólico...). Kleist, Lenz o Büchner tienen otra manera tanto de viajar como de moverse, partir en medio de, por el medio, entrar y salir, no empezar ni acabar[43]. Más todavía, la literatura americana, y antes la inglesa, han logrado manifestar ese sentido rizomático, se han sabido mover entre las cosas, instaurar una lógica del y, derribar la ontología, destituir el fundamento, anular fin y comienzo. Han sabido hacer una pragmática. El medio no es un promedio sino, al contrario, el lado por el que las cosas adquieren velocidad. Entre las cosas no designa una relación localizable que va de la una a la otra y recíprocamente, sino una dirección perpendicular, un movimiento transversal que arrastra la una y la otra, arroyo sin principio ni fin que socava las dos orillas y adquiere velocidad en el medio.}







[*] Agradezco a Marie Bardet el texto original en francés de la versión de 1976.

[1] Resuenan en este comienzo los comienzos de dos libros. «Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros mismos…» (Nietzsche, F., Genealogía de la moral, trad. Andrés Sánchez Pascual, Madrid, Alianza, 2001, p. 21.) «Sobre nosotros mismos callamos…» (Kant, I., Crítica de la razón pura, trad. Mario Caimi, Buenos Aires, Colihue, 2007, p. 3.) La resonancia no es caprichosa: Deleuze hace suyo el proyecto nietzscheano de reescribir la Crítica de la razón pura, es decir, de refundar la metafísica moderna (inaugurada por el iluminismo crítico) a partir de la construcción de otra ontología.

[2] «El Anti-Edipo tenía una ambición kantiana, había que intentar una especie de Crítica de la razón pura en el orden del inconsciente. De ahí la determinación de unas síntesis propias del inconsciente; el desarrollo de la historia como efectuación de estas síntesis; la denuncia de Edipo como "ilusión inevitable" que falsifica la producción histórica. Mil mesetas, por el contrario, tiene una ambición postkantiana (aunque resueltamente anti-hegeliana). Es un proyecto "constructivista". Es una teoría de las multiplicidades en cuanto tales, donde lo múltiple se convierte en sustantivo, mientras que El Anti-Edipo lo consideraba aún en las síntesis y bajo las condiciones del inconsciente. En Mil mesetas, el comentario sobre el "Hombre de los lobos" ("¿uno o varios lobos?") constituye nuestra despedida del psicoanálisis, e intenta mostrar que las multiplicidades desbordan la distinción entre lo consciente y lo inconsciente, entre la naturaleza y la historia, entre el cuerpo y el alma. Las multiplicidades son la realidad misma y no presuponen ninguna unidad, no entran en ninguna totalidad ni tampoco remiten a sujeto alguno. Las subjetivaciones, las totalizaciones, las unificaciones son, por el contrario, procesos que se producen y aparecen en las multiplicidades.» Deleuze, G.,«Prólogo a la edición italiana de Mil mesetas» (1987), en Dos regímenes de locos, trad. José Luis Pardo, Valencia, Pre-Textos, 2007, p. 278.

[3] Los problemas de traducción con el término agencement son notables: la palabra «agenciamiento» no existe en castellano, pero existe el verbo «agenciar», que significa «procurar los medios para conseguir algo». De manera que el neologismo «agenciamiento» expresa una idea adquisitiva: si hay algo que conseguir es porque ese algo falta. Y la idea de adquisición es exactamente opuesta a lo que Deleuze y Guattari quieren decir: un agencement no es una unidad en falta sino una multiplicidad en génesis. Opto por traducir el término como «disposición». (No confundir con el «dispositivo» foucaultiano, que proviene de la palabra «dispositif».) «Es la unidad mínima de análisis teórico y de actividad práctica. De ella pueden darse dos definiciones, una descriptiva y otra cartográfica u operativa. Primero, podemos decir que una disposición se compone de tres elementos: 1) Relaciones exteriores a sus términos, aunque no trascendentes (los términos no existen fuera de esa relación); su expresión lingüística adecuada es el verbo infinitivo. 2) Términos exteriores a su relación (pueden variar sin que la relación cambie), singularidades intensivas o puntos singulares, grados de potencia; su expresión adecuada en la proposición son los nombres propios. 3) Circunstancias o bloques espacio-temporales que funcionan como variables histórico-geográficas de actualización de los términos y de las relaciones (expresados en la proposición por medio de fechas y lugares). Pero también podemos decir, en segundo lugar, que una disposición tiene dos segmentos y cuatro polos: los dos polos del primer segmento serían las disposiciones maquínicas de cuerpos (que dependen de una máquina social selectiva) y las disposiciones colectivas de enunciación (que dependen de una máquina semiótica política o régimen de signos). Entre ambos no hay correspondencia ni causalidad uni- o bi-lateral: se relacionan a través de su disimilitud en las transformaciones incorporales que expresan las unas y se atribuyen a las otras (teniendo cada polo un régimen autónomo de organización). El otro segmento está constituido por los puntos territoriales (índices de territorialización y re-territorialización, esto es, de constitución de territorios a partir de fragmentos de código de los medios y ritmos, singularidades pre-individuales e individuantes) y los coeficientes de desterritorialización, que pueden variar desde la desterritorialización relativa (compensada por re-territorialización) hasta la desterritorialización absoluta (construcción de una nueva tierra).» Pardo, José Luis, Deleuze: violentar el pensamiento, Madrid, Cincel Kapeluz, 1992, p. 179.

[4] «En ese empleo riemanniano de la palabra “multiplicidad” (retomado por Husserl y también retomado por Bergson) es menester otorgar la máxima importancia a la forma sustantiva: la multiplicidad no debe designar una combinación de lo múltiple y lo uno, sino, por el contrario, una organización propia de lo múltiple como tal, que de ningún modo tiene necesidad de la unidad para formar un sistema.» Diferencia y repetición, trad. María Silvia Delpy y Hugo Beccacece, Buenos Aires, Amorrortu, 2002, pp. 276-7.

[5] Esta doble orientación del agencement continúa la diferencia de régimen entre los dos polos de la esquizofrenia teorizados en El Anti-Edipo. Aun la entrada «Esquizofrenia y sociedad» del catorceavo volumen de la Encyclopedia Universalis, publicado en 1975, mantiene esa diferencia en términos de «régimen de totalización» y «régimen anorgánico». Ver Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), trad. José Luis Pardo, Valencia, Pre-Textos, 2007, pp. 42-3.

[6] Plan, en francés, significa tanto «plan» como «plano». O sea: significa tanto «proyecto», «orden» y «estrategia», como «superficie», «mapa» y «nivel». Decidimos traducir «plano» no sólo para destacar su acepción geométrica deleuzianamente intencionada, sino también porque nos parece que, de las dos opciones, es la más propicia a una condensación de ambas.

[7] Aquí en el texto original, hay un juego de palabras entre avorteus y faiseurs d’anges, que en francés son sinónimos. [Nota de Vázquez Pérez y Larrazaleta.]

[8] «Lo que concierne primariamente a la teoría lingüística es un locutor-oyente ideal [ideal speaker-listener], en una comunidad lingüística completamente homogénea, que sabe su lengua perfectamente y que no es afectado por condiciones gramaticalmente irrelevantes, como limitaciones de memoria, distracciones, desplazamientos de la atención y el interés,  y errores (azarosos o característicos) en la aplicación de su conocimiento de la lengua sobre una actuación efectiva [actual performance]. Me parece que esta ha sido la posición de los fundadores de la moderna lingüística general y no se ha ofrecido hasta ahora ninguna razón convincente para modificarla. [...] Por lo tanto hacemos una distinción fundamental entre competencia [competence] (el conocimiento que el hablante-oyente tiene de su lengua) y actuación [performance] (el uso efectivo de la lengua en situaciones concretas).» CHOMSKY, N., Aspects of de Theory of Syntax, Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1965, pp. 3-4. Traducción de MR, así que conviene tomarla con pinzas.

[9] Cf. François Robert, «Aspects sociuax du changement dans une grammaire générative», en Langages, n. 32, dic. 1973, p. 90.

[10] Cf. Bertil Malmberg, Les nouvelles tendances de la linguistique, P.U.F. (el ejemplo del dialecto castellano), pp. 97 y ss. (trad. cast., ed. Siglo XXI). 

[11] Ernest Jünger, Approches, drogues et ivresse, Table ronde, p. 304, § 218. 

[12] A lo largo del texto aparecen dos palabras francesas, procès y processus, para cuya traducción castellana contamos con una sola palabra: proceso. Ambos términos se cargan conceptualmente en Kafka. Por una literatura menor (1975), así que daremos aquí cuenta de esa carga conceptual no sólo para colaborar con la intelección de «Rizoma» sino también para poder sopesar las continuidades y discontinuidades del planteo. Procès designa un estado de deseo bloqueado, calcado, en hundimiento, que retorna a los estratos, que es separado de sus conexiones, es decir, que es separado de lo que puede. Processus comprende un estado del deseo en levantamiento, desplazado en el tiempo, desterritorializado, en proliferación de conexiones, en variación intensiva. La palabra «procès», además, es la que aparece en el título de la novela kafkiana El Proceso. Este dato ayuda a captar la determinación judicial del concepto propia del procedimiento legal. Y permite conectar todo este asunto con la aversión deleuziana por el tribunal kantiano en particular y por el aparato de Estado en general.

[13] El partitivo francés du, du chiendent, du rhizome, en español no se traduce, de ahí que no aparezca en: es grama, rizoma. [Nota de Vázquez Pérez y Larrazaleta.]

[14] Método: no se buscará un género común del que todos los fascismos, e incluso los totalitarismos, serían las especies. Tampoco se buscará una especie propia de los fascismos, o bien al fascismo alemán, que sería diferente de todas las otras. Por el contrario, a cualquier nivel de generalidad o de especificidad que se tome el concepto se le considerará como una multiplicidad definida por sus dimensiones (hay toda clase de fascismos alemanes en la misma época, con «corrientes» de derecha, corrientes de izquierda, líneas de masa, líneas de fuga, grandezas urbanas y grandezas rurales, etc.). J.-P. Faye lo ha mostrado de una manera que nos parece definitiva. La significación tomada por el fascismo en tal momento, así como su atribución, dependen de las dimensiones que predominan sobre las demás, de las líneas que se desarrollan en detrimento de las otras. Las cuestiones de significación y de atribución son siempre secundarias con relación a un concepto cualquiera considerado, en primer lugar, como multiplicidad: sea una proposición del tipo: «Ninguna forma de superyó es inferible de un individuo a una sociedad dada». Es un mal método. No hay ninguna forma de concepto cuyo contenido se atribuiría exclusivamente (o en principio) o bien a individuos, o bien a colectividades. Si el concepto designa verdaderamente una multiplicidad, entonces se atribuye a las sociedades siguiendo tales de sus líneas, a grupos y familias según tales otras, a individuos según tales otras también; y cada cosa a la cual se atribuye es, a su vez, una multiplicidad. Si no, se trata de un mal concepto (se ha sospechado esto para el superyó, así como para la mayor parte de los conceptos psicoanalíticos que proceden por falsas concentraciones y también por falsa diferenciación).

[15] Rémy Chauvin, en Entretiens sur la sexualité, Plon, p. 205.

[16] Sobre los trabajos de R. E. Benveniste y G. J. Todaro,   cf. Yves Christen, «Le role des virus dans l’evolution», La Recherche, n° 54, marzo 1975, p. 271: «Los virus pueden transportar, tras una integración-extracción en una célula como consecuencia de un error de escisión, fragmentos de ADN de su huésped y transmitirlos a nuevas células: ese el fundamento de lo que se denomina ingeniería genética [engineering génétique]. Como consecuencia una información genética específica de un organismo podría ser transferida a otro gracias a los virus. Si nos interesamos por las situaciones extremas, podríamos perfectamente imaginar que esa transferencia de información podría efectuarse de una especie más evolucionada hacia una especie menos evolucionada o genitora de la precedente. Ese mecanismo actuaría, pues, a contracorriente del que clásicamente utiliza la evolución. Si estos pasos de informaciones tuviesen una gran importancia, uno se vería obligado, en ciertos casos, a sustituir por esquemas reticulares (con comunicaciones entre ramificaciones según sus diferenciaciones) los esquemas en matorral o en árbol que se utiliza en la actualidad para representar la evolución».

[17] François romperle Jacob, La logique du vivant, Gallimard, pp. 312-333 (trad. cast., La lógica de lo viviente, Barcelona, Tusquets).

[18] Carlos Castaneda, L’herbe du diable et la petite fumée, ed. Du Soleil noir, p. 160 (trad. cast.  FCE).

[19] Pierre Boulez, Par volonté y par hasard, ed. Du Seuil, p. 14: «la plantáis en cualquier mantillo y, de repente, se opone a proliferar como la mala hierba». Y passim, sobre la proliferación musical, p. 89: «una música que flota en la que la propia escritura va unida, para el instrumentista, a la imposibilidad de mantener una coincidencia con un tiempo pulsado». 

[20] Ver nota 8.

[21] Cf. Melanie Klein, Psychanalyse d’un enfant, Tchou: el papel de los mapas de guerra en las actividades de Richard (trad. cast., ed. Paidós).

[22] La versión de Vázquez Pérez y Larraceleta omite una cláusula importante de la oración original: Il a organisé, stabilisé, neutralisé les multiplicités suivant des axes de signifiance et de subjectivation qui son les siens. Reponer tal cláusula permite mantener una simetría: esa doble dimensión –significante y subjetiva– que resulta de cierta detención del proceso, de cierto endurecimiento del devenir, de cierta unificación de la multiplicidad, corresponde al doble frente de ataque –lingüística y psicoanálisis– que el texto exhibe de punta a punta.

[23] Fernand Deligny, «Voix et voir», Cahiers de l’Immuable I (Légendes de Fernand Deligny), Recherches, n. 8, abril 1975.

[24] El verbo aquí es «éclater», que significa «estallar», «explotar». Y que es el mismo verbo que utiliza Guattari en la ponencia «El grupo y la persona» (1966) para decir que «más allá del Yo, el sujeto eclosiona a las cuatro esquinas del universo histórico» (Psychanalyse et transversalité. Essais d’analyse institutuinnelle, París, De Minuit, 1972, p. 155), frase que Deleuze celebra en el prefacio «Tres problemas de grupo».


[25] Cf. Dieter Wunderlich, «Pragmatique, situation d’enonciation et Deixis», en Langages, n° 26, junio 1972, págs. 50 s.: Las tentativas de Mac Cawley, de Shadock y de Wunderlinch de introducir «propiedades pragmáticas”en los árboles Chomskyanos.

[26] Steven Rose, Le cerveau conscient, ed. Du Seuil, p. 97, y, sobre la memoria, pp. 250 y ss.

[27] Cf. Julien Pacotte, Le réseau arborescent, shéme primordial de la pensée, Hermann, 1936. Este libro analiza y desarrolla diversos esquemas de la forma arborescente, que no es presentada como un simple formalismo, sino como «el fundamento real del pensamiento formal». Lleva al extremo el pensamiento clásico. Recoge todas las formas de lo «Uno-Dos», teoría del dipolo. El conjunto tronco-raíces-ramas da lugar al siguiente esquema:




Más recientemente, Michel Serres analiza las variedades y secuencias de árboles en campos científicos muy diferentes: cómo el árbol se forma a partir de una «red» (La traduction, Ed. de Minuit, pp. 27 y ss.; Feux et signaux de brume, Grasset, pp. 35 y ss.).

[28] Pierre Rosenstiehl y Jean Petitot, «Automate asocial et systémes acentrés», en Communications, n° 22, 1974. Sobre el teorema de la amistad, cf. H.S. Wilf, The Friendship Theorem in Combinatorial Mathematics, Welsh Academic Press; y, sobre un teorema del mismo tipo, llamado de indecisión colectiva, cf. K. J. Arrow, Choix collectif et préférences individuelles, Calmann-Lévy.

[29] Ibid. El carácter principal del sistema acentrado es que las iniciativas locales se coordinan independientemente de una instancia central, realizándose el cálculo en el conjunto de la red (multiplicidad). «Por esto es por lo que el único lugar donde puede constituirse un fichero de las personas es en las propias personas, únicas capaces de llevar su descripción y de tenerla al día: la sociedad es el único fichero posible de las personas. Una sociedad acentrada natural rechaza como intruso asocial al autómata centralizador”(p. 62). Sobre «el teorema de Firing Squad», pp. 51-7. Incluso puede suceder que algunos generales, en su sueño de apropiarse de las técnicas formales de guerrilla, recurran a multiplicidades «de módulos sincrónicos», «a base de numerosas células ligeras, pero independientes», que teóricamente sólo implican un mínimo de poder central y de «relevo jerárquico»: así Guy Brossollet, Essai sur la non-bataille, Belin, 1975.

[30] Sobre la agricultura occidental de las gramíneas y la horticultura oriental de los tubérculos, sobre la oposición sembrar-horadar, sobre las diferencias con relación a la cría de animales, cf. Haudricourt, «Domestication des animaux, culture des plantes et traitement d’autrui» (L’Homme, 1962) y «L’origine des clones et des clans”(L’Homme, enero 1964). El maíz y el arroz no son objeciones: son gramíneas «adoptadas tardíamente por los cultivadores de tubérculos« y tratados en forma parecida; es muy posible que el arroz «apareciera como una mala hierba en los canales de regadío».

[31] Henry Miller, Hamlet, Corrêa, pp. 48-9.

[32] Cf. Leslie Fieldler, Le retour du Peau-rouge, Ed. du Seuil. Se encuentra en este libro un muy bello análisis de la geografía, de su papel mitológico y literario en América, y de la inversión de las direcciones. Al Este, la búsqueda [recherche] de un código propiamente americano, como también de una recodificación con Europa (Henry James, Eliot, Pound, etc.); la sobrecodificación esclavista al Sur, con su propia ruina y la de las plantaciones en la Guerra de Secesión (Faulkner, Caldwell); la descodificación capitalista que procede del Norte (Dos Passos, Dreiser); el papel del Oeste, como línea de fuga, donde se conjugan el viaje, la alucinación, la locura, el Indio, la experimentación perceptiva y mental, el movimiento [mouvance] de fronteras, el rizoma (Ken Kesey y su «máquina de niebla»; la generación beatnik, etc.). Cada gran autor americano hace una cartografía, incluso por su estilo; contrariamente a lo que pasa entre nosotros, hace un mapa que se conecta directamente con los movimientos sociales reales que atraviesan América. Por ejemplo, la localización [repérage] de las direcciones geográficas en toda la obra de Fitzgerald.

[33] Gregory Bateson, Vers une écologie de l’esprit, t. I, Ed. du Seuil, págs. 125-126. Hay que señalar que la palabra «planicie» se emplea clásicamente en el estudio de los bulbos, tubérculos y rizomas: cf. Dictionnaire de botanique de Baillon, artículo «Bulbe».

[34] Así, Jöele De La Casiniére, Absolument nécessaire, Ed. de Minuit, que es un libro verdaderamente nómada. En la misma dirección, cf. las investigaciones del «Mountfaucon Research Center».

[35] Franz Kafka, Journal, Grasset, pág. 4 (trad. cast., ed. Bruguera).

[36] Marcel Schwob, La croisade des enfants, 1896 (trad. cast., ed. Tusquet); Jersy Andrzejewski, Les portes du paradis, 1959, Gallimard; Armand Farrachi, La dislocation, 1974; Stock. A propósito precisamente del libro de Schwob, Paul Alphandéry decía que la literatura, en algunos casos, podía renovar la historia e imponerle «auténticas direcciones de investigación» (La chrétienté et l’idée de croisade, t. II, Albin Michel, pág. 116).

[37] Cf. la humorada de Foucault: ¿qué sucede cuando uno ya no (se) repite? «En ese momento ellos repiten, repiten el lenguaje mismo» (en «Nietzsche», Cahiers de Royaumont, Minuit, p. 196). Agregamos, del prólogo a la edición de 1972 de Historia de la locura…, esta cita como ampliación de «la humorada»: «Se produce un libro: acontecimiento minúsculo, pequeño objeto manuable. Desde entonces, es arrastrado a un incesante juego de repeticiones; sus “dobles”, a su alrededor y muy lejos de él, se ponen a pulular; cada lectura le da, por un instante, un cuerpo impalpable y único; circulan fragmentos de él mismo que se hacen pasar por él, que, según se cree, lo contienen casi por entero y en los cuales, finalmente, le ocurre que encuentra refugio; los comentarios lo desdoblan, otros discursos donde finalmente debe aparecer él mismo, confesar lo que se había negado a decir, librarse de lo que ostentosamente simulaba ser. La reedición en otro momento, en otro lugar es también uno de tales dobles: ni completa simulación ni completa identidad.» (Historia de la locura en la Época Clásica, trad. Juan José Utrilla, México, FCE, 2004, p. 7.)

[38] El «Ardiente Aquiles» (literalmente, el «hirviente Aquiles») es un personaje de la ópera La bella Helena (estrenada en 1864), de Jacques Offenbach.


[39] Escribe Proust: «No serían mis lectores, sino los propios lectores de sí mismos, porque mi libro no sería más que una especie de esos cristales de aumento como los que ofrecía a un comprador el óptico de Combray; mi libro, gracias al cual les daría yo el medio de leer en sí mismos, de suerte que no les pediría que me alabaran o denigraran, sino sólo que me dijeran si es efectivamente esto, si las palabras que leen en ellos mismos son realmente las que yo he escrito (pues, por lo demás, las posibles divergencias a este respecto no siempre se debían a que yo me hubiera equivocado, sino a que a veces los ojos del lector no fueran los ojos que convienen a mi libro para leer bien en sí mismo)». Citado por Deleuze en Proust y los signos, trad. Francisco Monge, Barcelona, Anagrama, 1972, pp. 150-1.

[40] Paul Virilio, «Véhiculaire», en Nomades et vagabonds, 10-18, pág. 43: sobre la aparición de la linealidad y las alteraciones de la percepción debidas a la velocidad.

[41] En español, se pierde la rima que existe en francés, entre ligne de chance, ligne de hanche. Por otra parte, estas frases forman parte del estribillo de una canción que Ana Karina canta en la película de J. L. Godard, Pierrot le fou. [Nota de Vázquez Pérez y Larrazaleta.] [Ver la escena a la que remiten VP y L]

[42] «Él no planta las papas / Ni planta el algodón / Quienes los plantan son pronto olvidados / Pero el anciano río sigue deslizándose.» Agradezco a Rocío Pichon Rivière la bella traducción de estos versos. [Escuchar la versión que Jim Croce hace de esta canción.]

[43] Cf. J. C. Bailly, La légende disersée, 10-18: la descripción del movimiento en el romanticismo alemán, pp. 18 y ss.