Prólogo a la edición italiana de Mil Planicies



Préface pour l'édition italienne de Mille Plateaux

Gilles Deleuze

A Giorgio Passerone


Los años pasan, los libros envejecen o, al contrario, reciben una segunda juventud. A veces se empastan y abotargan, a veces modifican sus trazos, afilan sus aristas, hacen emerger nuevos planos en la superficie. No corresponde a los autores determinar este destino objetivo. Lo que les corresponde es reflexionar sobre el lugar que el libro ha llegado a ocupar, con el tiempo, en el conjunto de su proyecto (destino subjetivo), mientras que en el momento en que fue escrito ocupaba la totalidad de ese proyecto.

Mil Planicies (1980) es la continuación de El Anti-Edipo (1972). Pero sus destinos han sido objetivamente muy diferentes. Sin duda por razones de contexto: la agitada época de uno, que aún formaba parte del 68; y la aplastada calma, la indiferencia en que el otro surgió. Mil Planicies fue, de nuestros libros, el que tuvo peor recibimiento. Sin embargo, es nuestro preferido, no como una madre prefiere a su hijo desdichado. El Anti-Edipo tuvo mucho éxito, pero este éxito estuvo acompañado de un profundo fracaso. Pretendía denunciar los estragos de Edipo, del «papá-mamá», en el psicoanálisis, en la psiquiatría y hasta en la antipsiquiatría, en la crítica literaria y en la imagen general que nos hacemos del pensamiento. Soñamos que acabaríamos a Edipo. Pero era una tarea demasiado grande para nosotros. La reacción anti-68 mostraría después hasta qué punto Edipo familiar gozaba de buena salud y continuaba imponiendo su régimen llorón y pueril en el psicoanálisis, en la literatura y en todos los dominios del pensamiento. De manera que Edipo siguió siendo nuestra «cruz». En cambio, Mil Planicies, pese a su aparente fracaso, nos hizo avanzar un paso, al menos a nosotros, y abordar tierras ignotas, vírgenes con respecto a Edipo, que El Anti-Edipo había visto sólo desde lejos, sin penetrar en ellas.

Los tres temas de El Anti-Edipo eran los siguientes:

1) El inconsciente funciona como una fábrica y no como un teatro (asunto de producción, no de representación);

2) El delirio, o la novela, es histórico-mundial, no familiar (se deliran las razas, las tribus, los continentes, las culturas, las posiciones sociales...);

3) Hay en verdad una historia universal, pero es la de la contingencia (cómo los flujos, que son el objeto de la Historia, padecen los códigos primitivos, las sobrecodificaciones despóticas y las descodificaciones capitalistas que hacen posible una conjunción de flujos independientes).

El Anti-Edipo tenía una ambición kantiana, había que intentar una suerte de Crítica de la razón pura al nivel del inconsciente. De ahí la determinación de unas síntesis propias del inconsciente; el desarrollo de la historia como efectuación de estas síntesis; la denuncia de Edipo como «ilusión inevitable» que falsifica toda la producción histórica.

Mil Planicies, por el contrario, tiene una ambición postkantiana (aunque resueltamente anti-hegeliana). Su proyecto es «constructivista». Es una teoría de las multiplicidades en cuanto tales, donde lo múltiple se convierte en sustantivo, mientras que El Anti-Edipo las consideraba aún en las síntesis y bajo las condiciones del inconsciente. En Mil Planicies, el comentario sobre el «Hombre de los lobos» («¿Uno o varios lobos?») constituye nuestro adiós al psicoanálisis, e intenta mostrar que las multiplicidades desbordan la distinción entre lo consciente y lo inconsciente, entre la naturaleza y la historia, entre el cuerpo y el alma. Las multiplicidades son la realidad misma y no presuponen ninguna unidad, no entran en ninguna totalidad ni remiten a sujeto alguno. Las subjetivaciones, las totalizaciones, las unificaciones son, por el contrario, procesos que se producen y aparecen en las multiplicidades. Las principales características de las multiplicidades conciernen a sus elementos, que son singularidades; a sus relaciones, que son devenires; a sus acontecimientos, que son hecceidades (es decir, individuaciones sin sujeto); a sus espacio-tiempos, que son espacios y tiempos lisos; a su modelo de realización, que es el rizoma (por oposición al modelo del árbol); a su plano de composición, que constituye las planicies (zonas de intensidad continua); a los vectores que las atraviesan, que constituyen territorios y grados de desterritorialización.

La historia universal de la contingencia alcanza aquí mayor variedad. En cada caso, la pregunta es ésta: ¿dónde y cómo se produce tal encuentro? En lugar de aceptar, como en El Anti-Edipo, la sucesión tradicional Salvajes-Bárbaros-Civilizados, nos hallamos ahora ante todo tipo de formaciones coexistentes: grupos primitivos, que operan mediante series y por evaluación del «último» término, en un extraño marginalismo; comunidades despóticas, que constituyen, por el contrario, conjuntos sometidos a procesos de centralización (aparatos de Estado); máquinas de guerra nómadas, que no toman [emparer] Estados sin que éstos se apropien [approprient] de esas mismas máquinas que, en principio, no formaban parte del Estado; procesos de subjetivación que se ejercen en los aparatos estatales y guerreros; la convergencia de estos procesos, en el capitalismo, y mediante los correspondientes Estados; las modalidades de una acción revolucionaria; y los factores comparados, en cada caso, del territorio, la tierra y la desterritorialización.

Los tres factores pueden verse aquí jugar libremente, es decir, estéticamente, en el ritornelo. ¿Las cancioncillas territoriales o el canto de los pájaros; el gran canto de la tierra, cuando la tierra ruge; la poderosa armonía de las esferas o la voz del cosmos? Eso es lo que este libro quiere: disponer [agencer] los ritornelos, los lieder, correspondientes a cada planicie. Porque la filosofía no es otra cosa, desde la cancioncilla hasta el más poderoso de los cantos, una suerte de sprechgesang cósmico. El pájaro [oiseau] de Minerva (por hablar como Hegel) tiene sus gritos y sus cantos; los principios, en filosofía, son los gritos alrededor de los cuales los conceptos desarrollan verdaderos cantos.



Traducido por MR, de Deux régimes de fous (Textes et entretiens 1975-1995),
Paris, Les Éditions de Minuit, 2003, pp. 288-90.