Ocho años después: entrevista 80


En 1980 se publicó el segundo tomo de Capitalismo y esquizofreniaMil Planicies. El primer tomo, El Anti-Edipo, se había publicado ocho años antes. En ocasión del nuevo libro, Catherine Clément recogió esta declaraciones de Deleuze, que se publicaron en el número 49 de L'Arc

Aclaro rápidamente por qué traduzco agencement como «disposición» (no confundir con el «dispositivo» foucaultiano, cuyo término francés es dispositif) y plateau como «planicie». La palabra «agenciamiento» no existe en castellano; existe el verbo «agenciar», que significa «procurar los medios para conseguir algo», adquirir una cosa que falta, o sea, exactamente lo contrario a lo que Deleuze y Guattari quieren decir con su concepción productiva, constructivista, hetero-genética, de la «consistencia de la cosas». En cuanto a la segunda palabrita, si bien es literalmente correcto traducir «plateau» como «meseta» –no sólo en base al francés, sino también al inglés con el que Gregory Bateson escribe el término que Deleuze y Guattari utilizan como concepto (Steps to an Ecology of Mind, London, Jason Aronson Inc., 1987 [1972], p. 97: «continuing plateau of intensity»)–, considero que es conceptualmente más adecuado traducir esa palabra como «planicie» (plaine, en francés; plain, en inglés). Ya que, por tomar ejemplos de Mille plateaux, «el mar, el desierto, la estepa y el aire», «el cielo», el «campo preurbano», la «ladera de montaña» son superficies pobladas de intensidades sin ser estrictamente «mesetas». También en tanto que CsO y en tanto que máquina abstracta me parece conceptualmente más preciso el término «planicie» (cf. la entrada «Plan de Consistencia. Cuerpo sin órganos» en la Conclusión del libro).
MR.





Ocho años después: entrevista 80


Catherine Clément: ¿Cuál es la diferencia existente entre la obra de 1972, El Anti-Edipo, y la de 1980, Mil Planicies?

Gilles Deleuze: La situación de El Anti-Edipo era relativamente simple. El Anti-Edipo trataba de un dominio familiar, reconocido: el inconsciente. Se proponía reemplazar el modelo teatral o familiar del inconsciente por un modelo más político: la fábrica, en lugar del teatro. Era una especie de «constructivismo» al estilo ruso. De ahí la idea de producción deseante, de máquinas deseantes. Mientras que Mil Planicies es más complicado, porque ensaya inventar sus propios dominios. Los dominios ya no preexisten, sino que son trazados por las diversas partes del libro. Es la continuación [suite] de El Anti-Edipo, pero la continuación al aire libre, in vivo. Por ejemplo, el devenir-animal del hombre y su encadenamiento con la música...

CC: ¿No hay también entre ambos libros diferencias debidas a las circunstancias?

GD: Ciertamente. El Anti-Edipo se hizo tras el 68: era una época de agitación, de busca. Hoy nos encontramos ante una fuerte reacción. El actual conformismo impone toda una economía del libro, una nueva política. Hay una crisis del trabajo, una crisis organizada, deliberada, tanto en el nivel de los libros como en los otros niveles. El periodismo gana más y más poder en literatura. Y, además, toda una serie de novelas recuperan el tema familiar, el más chato, y desarrollan hasta el infinito todo un papá-mamá: es inquietante cuando uno se encuentra en su propia familia con una novela totalmente hecha, prefabricada. En verdad es el año del patrimonio, así que a este respecto El Anti-Edipo fue un completo fracaso. Sería largo de analizar, pero la actual situación es muy difícil y asfixiante para los escritores jóvenes. No sé decir por qué tengo tan malos presentimientos.

CC: Hablaremos de eso en otra ocasión. Pero Mil Planicies, ¿es literatura? Hay una gran diversidad de dominios abordados, etnología, etología, política, música, etc., ¿a qué género pertenece el libro?

GD: Filosofía, simplemente filosofía en el sentido más tradicional de la palabra. Cuando se pregunta qué es la pintura, la respuesta es relativamente simple. Un pintor es alguien que crea en el terreno de las líneas y los colores (aunque las líneas y los colores existan en la naturaleza). Bueno, un filósofo es algo parecido, alguien que crea en el orden de los conceptos, que inventa nuevos conceptos. También hay pensamiento, evidentemente, fuera de la filosofía, pero no de esta forma especial que son los conceptos. Los conceptos son sigularidades que reaccionan sobre la vida ordinaria, sobre los flujos de pensamiento ordinarios o cotidianos. Se han ensayado muchos conceptos en Mil Planicies: rizoma, espacio liso, hecceidad, devenir-animal, máquina abstracta, diagrama, etc. Guattari ha inventado muchos conceptos, y yo tengo su misma concepción de la filosofía.

CC: Pero ¿cuál es la unidad de Mil Planicies, puesto que no hay referencia a un dominio básico?

GD: Sería quizá la noción de «disposición» [agencement], que reemplaza a las «máquinas deseantes». Hay todo tipo de disposiciones y componentes de disposiciones. Por una parte, ensayamos sustituir con esta noción la de comportamiento: de ahí la importancia de la etología en Mil Planicies, y el análisis, por ejemplo, de las disposiciones animales, de las disposiciones territoriales. Un capítulo como el del Ritornelo considera al mismo tiempo disposiciones animales y disposiciones propiamente musicales: es lo que llamamos una «planicie», que pone en continuidad [met en continuité] los ritornelos de los pájaros y ritornelos como los de Schumann. Por otra parte, el análisis de las disposiciones, consideradas en sus diversos componentes, nos abre a una lógica general: sólo la hemos esbozado, y la continuación de nuestro trabajo consistirá sin duda en construir esa lógica, lo que Guattari llama el «diagramatismo». En las disposiciones hay estados de cosas, cuerpos, mezclas de cuerpos, aleaciones, y hay también enunciados, modos de enunciación, regímenes de signos. Las relaciones entre ambos son muy complejas. Por ejemplo, una sociedad no se define por sus fuerzas productivas y su ideología, sino más bien por sus «aleaciones» y sus «veredictos». Las aleaciones son mezclas de cuerpos practicadas, conocidas, permitidas (hay mezclas de cuerpos prohibidas, como el incesto). Los veredictos son los enunciados colectivos, es decir, las transformaciones incorporales, instantáneas, que tienen lugar en una sociedad (por ejemplo, «a partir de tal momento ya no eres un niño...»).

CC: Estas disposiciones, que usted describe, no están, me parece, exentas de juicios de valor. ¿Es Mil Planicies un libro de ética [morale]?

GD: Las disposiciones existen, pero tienen en efecto componentes que les sirven de criterio y permiten cualificarlas. Las disposiciones son conjuntos de líneas, algo parecido a la pintura. Pero hay muchas clases de líneas. Hay líneas segmentarias, segmentarizadas; hay líneas que se estancan o que caen en «agujeros negros»; hay líneas destructivas, que dibujan la muerte; y las hay también vitales y creadoras. Estas últimas abren las disposiciones en lugar de cerrarlas. La noción de lo abstracto es muy complicada: una línea puede no representar nada, ser puramente geométrica, pero no por ello ser aún verdaderamente abstracta, en tanto que dibuja un contorno. La línea abstracta es la línea que no tiene contorno, que pasa entre las cosas, una línea mutante. Se ha dicho algo así a propósito de la línea de Pollock. En este sentido, la línea abstracta no es en absoluto la línea geométrica, es la línea más viva, la más creadora. La abstracción real es una vida no orgánica. La idea de vida no orgánica es constante en Mil Planicies, y ésta es justamente la vida del concepto. Una disposición es arrastrada por sus líneas abstractas cuando es capaz de tenerlas o de trazarlas. Hoy asistimos a un fenómeno muy curioso: la revancha del Silicio. Los biólogos se han preguntado a menudo por qué la vida había «pasado» [«passée»] por el Carbono antes que por el Silicio. Pero la vida de las máquinas modernas pasa por el silicio: es toda una vida no orgánica, distinta de la vida orgánica del carbono. En este sentido hablamos de una disposición-silicio. En los más diversos dominios deben considerarse los componentes de la disposición, la naturaleza de las líneas, los modos de vida y de enunciación...

CC: Al leerlos se tiene a veces la impresión de que han desaparecido las rupturas consideradas más importantes: la ruptura entre la naturaleza y la cultura, por una parte; la ruptura epistemológica, por otra.

GD: Hay dos maneras de suprimir o de atenuar la ruptura naturaleza-cultura. Una consiste en acercar el comportamiento animal y el comportamiento humano (es lo que hizo Lorenz, con consecuencias políticas inquietantes). Nosotros decimos que la noción de disposición puede reemplazar a aquella de comportamiento y que, con respecto a esta noción, la distinción entre naturaleza y cultura ya no es pertinente. Un comportamiento, en cierta manera, todavía es un contorno. Mientras que una disposición es, desde el comienzo, lo que permite mantener ensamblados [tenir ensemble, cursivas originales] elementos muy heterogéneos, un sonido, un color, un gesto, una posición, etc., naturalezas y artificios: es un problema de «consistencia» que precede los comportamientos. La consistencia es una relación muy especial, más física que lógica o matemática. ¿Cómo adquieren consistencia las cosas? Entre cosas muy diferentes puede haber una continuidad intensiva. Cuando tomamos prestada de Bateson la palabra «planicie» es justamente para designar zonas de continuidad intensiva.

CC: ¿De dónde viene esta noción de intensidad que rige la «planicie»?

GD: Pierre Klossowski ha dado recientemente un estatuto muy profundo a las intensidades, un estatuto filosóficos y también teológico. Ha extraído de ellas toda una semiología. Era una noción muy viva en la física y en la filosofía de la Edad Media. Después ha quedado más o menos enterrada por el privilegio concedido a las cantidades extensivas y a la geometría de la extensión. Pero la física no ha dejado de recuperar a su manera las paradojas de las cantidades intensivas, las matemáticas se han enfrentado a espacios sin extensión, y la biología, la embriología y la genética han descubierto todo un dominio de los «gradientes». Y aquí no hay por qué aislar los trayectos que serían científicos o epistemológicos. Las intensidades conciernen a los modos de vida y a la prudencia práctica experimental. Ellas constituyen una vida no orgánica.

CC: Leer Mil Planicies, ¿es una tarea no siempre fácil?

GD: Es un libro que nos ha exigido mucho trabajo y que exige mucho al lector. Pero una parte que nosotros encontramos difícil puede parecerle fácil a otro. Y viceversa. Independientemente de la calidad de este libro, es su género lo que hoy está cuestionado. Tenemos por eso lo impresión de estar haciendo política incluso cuando hablamos de música, de árboles o de rostros. Para todo escritor, la cuestión es saber si hay otros, por pocos que sean, que puedan usar su trabajo, para sus propias ocupaciones, su vida o sus proyectos.


Traducido de Deux régimes de fous (Textes et entretiens 1975-1995),
Paris, Les Éditions de Minuit, 2003, pp. 165-8.