Protocolos de lectura: 1914 — ¿Uno solo o varios lobos?



[La Huelga (1924), o ¿uno solo o varios huelguistas?]


En el «Prefacio a la edición italiana de Mil Planicies», Deleuze compendia así el contenido de esta planicie:
El comentario sobre el «Hombre de los lobos» («¿Uno solo o varios lobos?») constituye nuestro adiós al psicoanálisis, e intenta mostrar que las multiplicidades desbordan la distinción entre lo consciente y lo inconsciente, entre la naturaleza y la historia, entre el cuerpo y el alma. Las multiplicidades son la realidad misma y no presuponen ninguna unidad, no entran en ninguna totalidad ni remiten a sujeto alguno. Las subjetivaciones, las totalizaciones, las unificaciones son, por el contrario, procesos que se producen y aparecen en las multiplicidades.
Con esa cita podríamos dar por terminado este protocolo de lectura, ya que ahí está todo dicho: último cascotazo al psicoanálisis y énfasis en las multiplicidades.  ¿Qué más se puede agregar?

Considerando que, para Deleuze, el AE fue un éxito editorial y un fracaso político, este beligerante último «adiós al psicoanálisis» podría leerse como uno de esos ejercicios medicinales a los que Almafuerte nos exhorta: «Que muerda y vocifere vengadora, ya rodando en el polvo, tu cabeza». En este sentido, «1914 — ¿Uno solo o varios lobos?» tendría el valor de una compadrada. Ok, ¿qué más?


Sostener la continuidad con el AE en su crítica al psicoanálisis. De esto no hay dudas, en dos sentidos. El más obvio, las páginas del AE en las que el Hombre de los Lobos hace su aparición estelar para una «Teoría de las "criadas" en Freud» (AE, 363 y ss.), en favor de la tercera de las cuatro tesis del esquizoanálisis: «primacía de las catexis libidinales del campo social sobre la catexis familiar, tanto desde el punto de vista del hecho como de derecho» (AE, 367). La lucha de clases es el horizonte interpretativo de este caso clínico en ambos tomos de Capitalismo y esquizofrenia: Serguéi Pankéyev, más conocido como El Hombre de los Lobos, «verdadero nombre propio, mucho más propio que el suyo» (MP, 40), es un joven de la aristocracia rusa que, en los años en que es atendido por Freud (de 1910 a 1914), tiene muy buenos motivos para estar angustiado: la Rusia del Zar es una olla a presión... y ni hablar de la temperatura de las papas en Europa. «Estallará la guerra, los lobos devendrán bolcheviques» (MP, 44), «los lobos son los bolcheviques, la masa revolucionaria» (MP, 41).


El segundo sentido, menos obvio, estriba en lo siguiente: si bien hay un cambio ostensible entre el proyecto que iba a intitularse «Esquizoanálisis» y el que terminó siendo «Mil Planicies» [acá detallamos esta variación], existe un phylum profundo entre ambos tomos de Capitalismo y esquizofrenia por el cual la crítica al psicoanálisis se inscribe desde muy temprano en unas investigaciones de Deleuze y Guattari que conciernen a la constitución del sujeto y, por ende, a la historia de la filosofía en general y la ontología moderna en particular. Ofrezco algunas pistas:


* El sexto parágrafo del primer capítulo del AE, «El todo y las partes» [ir al protocolo de lectura de esta parágrafo], anuncia la teoría de las multiplicidades –sin bien las «estrellas de grupo» en el AE son las máquinas–, o sea, anuncia las 526 páginas de Mil Planicies (645, en la edición francesa).


* Lo primero que hace Guattari en su ponencia «Máquina y estructura» –de 1969, antes de conocer en persona a Deleuze– es remitir su concepto de máquina a la tesis doctoral Diferencia y repetición (1968) y lo segundo que hace en esa misma ponencia es remitir el mismo concepto a Lógica del sentido (1969). [Descargar Psicoanálisis y transversalidad (1972), donde está la ponencia «Máquina y estructura»]


* Todos los agregados que Deleuze incorpora a su libro sobre Proust (1964, primera edición), tras el encuentro con Guattari (reediciones aumentadas en 1970 y en 1974), se deben a ese phylum, a esa continuidad profunda entre investigaciones [ir al artículo en el que despliego estos avatares históricos y conceptuales en torno a Proust y los signos].


* El cuarto capítulo de El bergsonismo (1966) –sexto libro de Deleuze, mas no hay que confundir el nivel editorial con el de la investigación: el fundamental «La concepción de la diferencia en Bergson» es de 1956– lleva por título una pregunta que no puede ser por azar sugerente: «¿Una o varias duraciones?» [Une ou plusieurs durées?], mientras que la segunda de las mil planicies se intitula «¿Uno solo o varios lobos?» [Un seul ou plusieurs loups?].

Para Bergson hay multiplicidades numéricas o extensas, y multiplicidades cualitativas y de duración. Nosotros hacemos más o menos lo mismo cuando distinguimos multiplicidades arborescentes y multiplicidades rizomáticas. Macro y micromultiplicidades. (MP, 39)
Este segundo sentido de la continuidad entre el AE y MP me deja afirmar que: a) implica al yo siento como estado vivido que precede al sujeto que lo siente (AE, 26-8, 91; MP, 38), «Otro social» y «no-humano» (AE, 365-6), «inconsciente en persona» (MP, 42); b) explica la insistencia lógica con la «teoría de los nombres» (AE, 92-3; MP, 43) y el carácter inmediatamente colectivo de los enunciados; y c) permite construir una potente relectura de Empirismo y subjetividad (1953):
Hay que tomar literalmente la idea según la cual la afectividad es asunto de circunstancias. Estas son exactamente las variables que definen nuestras pasiones, nuestros intereses. Así comprendido, un conjunto de circunstancias siempre singulariza a un sujeto, puesto que representa un estado de sus pasiones y sus necesidades, una distribución de sus intereses, de sus creencias y sus vivacidades.


Referencias bibliográficas

Freud, S., «De la historia de una neurosis infantil», en OC, trad. José Luis Etcheverry, Buenos Aires, Amorrortu, 1992, pp. 1-112.